
Navarra es una de las Comunidades Autónomas con menor índice de fracaso escolar. Con un 22,3 por ciento, esta cifra está por debajo de la media nacional del 30,8 por ciento. Asimismo, según se desprende del último Informe sobre el Sistema Educativo en Navarra, elaborado por el Consejo Escolar de Navarra, el 88,5 de los escolares de nivel de ESO consigue el título de Secundaria (frente al 70 por ciento de la media nacional).
Sin embargo, existen otras cifras no tan alentadoras como las mencionadas. Del 88,5 por ciento de escolares que consiguió el título, el 20 por ciento lo hizo con alguna asignatura suspendida (desde el curso pasado se puede conseguir el título hasta con tres suspensos). Además, cuatro de cada diez alumnos matriculados en 1º de Bachillerato suspenden alguna asignatura en julio, mientras que el 25 por ciento pasa a 2º curso con una o dos materiales pendientes.
Ante la actual situación de crisis económica, deberíamos plantearnos qué papel queremos que juegue la educación en nuestro futuro, sin entrar en partidismos ni debates políticos estériles. El poder transformador de la educación a todos los niveles, incluida la Formación Profesional y la Formación Continua, y su importancia como motor de desarrollo económico no puede subestimarse.
A este respecto, son muy destacables las recientes declaraciones que Francesc Solé, catedrático de Organización de Empresa y participante del ciclo de seminarios organizados por la Universidad Pública de Navarra, hacía sobre el proceso de reforma universitaria a nivel europeo: La idea es enseñar menos información y más conocimiento, transformar enseñanza en aprendizaje, y esto se hace cambiando no tanto los contenidos sino cómo se imparten. Hace falta una gestión de la enseñanza.