En las últimas semanas hemos presenciado un amargo debate entre dos comisarios europeos, el alemán Günter Verheugen, comisario de industria, y el griego Stavros Dimas, responsable de medio ambiente. El asunto que ha dividido a la Comisión Europea ha sido la futura ley que limita las emisiones automovilísticas de Co2. Dimas apostó por el medio ambiente y propuso un severo recorte de las emisiones. Su colega Verheugen, presionado por las principales marcas de coches alemanas, se negó en rotundo a que los fabricantes tuvieran que ejecutar esas medidas, que consideraba excesivamente restrictivas. Según él, aplicarlas supondría una pérdida de empleos en Alemania. Al final se ha llegado a un acuerdo intermedio, menos ambicioso que el original: a partir de 2012, los coches nuevos no podrán superar una media de emisiones de Co2 de 130 gr/km.

Esta polémica ha transcurrido al mismo tiempo que las Naciones Unidas publicaban un duro informe sobre el cambio climático. Éste pronostica una subida de temperaturas de entre 1,8 y 4 grados en este siglo y deja claro que el ser humano tiene gran parte de culpa en el calentamiento global. En otoño del año pasado se presentó otro estudio relativo al medio ambiente, el Informe Stern. Advertía sobre los costes del cambio climático y la poca implicación de los gobiernos en esta materia. Concluía que, de seguir así, la riqueza del planeta podría disminuir en un 20 por ciento a lo largo de este siglo. A pesar de estos y de otros muchos estudios, algunos gobernantes, como el comisario Verheugen, y varios empresarios, en este caso los alemanes, no parecen ser conscientes de la magnitud del problema. Abogan por soluciones que priman más el beneficio económico que el respeto por el medio ambiente. ¿Hasta cuándo la ecología y la industria estarán enfrentadas entre sí?

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En las últimas semanas hemos presenciado un amargo debate entre dos comisarios europeos, el alemán Günter Verheugen, comisario de industria, y el griego Stavros Dimas, responsable de medio ambiente. El asunto que ha dividido a la Comisión Europea ha sido la futura ley que limita las emisiones automovilísticas de Co2.