En los últimos meses hemos comprobado que el crecimiento de las empresas de Internet ha llegado a los niveles de la burbuja tecnológica de 2000. Pero en este caso, sin que exista un fuerte base especulativa. Los negocios en Internet prosperan porque el sector ya se ha incorporado plenamente al sistema económico. Sin embargo, todavía sigue siendo un espacio con muchos agujeros negros, ya que nadie tiene una idea clara de cómo lanzar con garantías un proyecto empresarial en la Red. Y si no, que se lo digan a las grandes corporaciones de medios de comunicación. Durante mucho tiempo, estas empresas han creído que la clave del ciberespacio es ofrecer contenidos de calidad que atraigan a la demanda. Por ello, durante mucho tiempo han comprado o establecido acuerdos con cualquier proveedor de contenidos destacado.
Sin embargo, como afirma John Fine en su columna MediaCentric de Business Week, esta aproximación todavía no ha demostrado su plena viabilidad. Por ahora, lo que realmente ha tenido éxito empresarial es el campo de la distribución. Los usuarios se han volcado en aquellas entidades que les ofrecen el acceso al contenido y que les garantizan la participación en una comunidad social. Tales compañías no son las dueñas de los contenidos, sino que simplemente facilitan el camino y las relaciones para que los internautas lleguen hasta la información, los vídeos, los blogs y cualquier otro bien o servicio que demanden a la red. Los ejemplos de Google, MySpace, YouTube, Flickr, iTunes, entre otros, son bien elocuentes para confirmar la tesis. Por el contrario, los medios tradicionales, que hasta ahora se han limitado a ofrecer directamente sus contenidos, tienen serios problemas para hallar la rentabilidad. Ahora estamos dando el siguiente paso tecnológico, por el que a medida que se generalice el uso de la banda ancha, podremos acceder a servicios de mayor valor añadido, como bibliotecas de películas o canales de televisión. Veremos quién halla la clave de este nuevo negocio.