La ruta más antigua de la península ibérica es atribuida a los tartesos (s. XII a. C.), que discurre desde el norte (galaico-astur-cantábrico) hasta el sur, donde se ubicaba Tartessos y Gadir. Se transportaba el estaño. Posteriormente, los romanos crearon la Ruta Vía de la Plata entre Astorga y Mérida, más tarde entre Gijón y Sevilla, con más de dos mil años de historia. Así llamada porque se cree que era la calzada por la cual los romanos mandaban los metales preciosos de las minas legionenses de oro de Las Médulas, vía Tarraco, hasta Roma. Muchas de las vías actuales ya figuraban en el Itinerario de Antonino Caracalla del siglo III.
Durante siglos se mantuvieron las anteriores comunicaciones, pero en la Edad Media adquirieron importancia el Camino Jacobeo y las cañadas ganaderas de la Mesta (siglo XIII). No fue hasta la llegada de los Borbones, en el siglo XVIII, cuando se estableció una red permanente de travesías. En los albores del siglo XX, las carreteras se componían de curvas cerradas, fuertes desniveles y un pavimento pedregoso que desprendía un intenso polvo. Circulaban carros, carretas y coches de caballos y diligencias. Todavía se recuerdan las primeras plantas de asfalto que empezaron a introducirse en España en la década de los cincuenta. Fabricaron un producto industrial revolucionario, compuesto de carbono, hidrógeno y metales. Con la aparición del Seat 600 en 1957 y de otros utilitarios de Renault, Citroen o DKV, el número de turismos se triplicó, así como de camiones y autobuses.
En la actualidad, la Asociación Española de la Carretera (AEC) ha publicado un informe sobre el estado de conservación de las infraestructuras de toda España. En general, muestra un retroceso grave y muy grave en más de la mitad de las vías, en concreto un 52%. Destaca la comunidad autónoma de Aragón con el calificativo de “estado crítico”. Se necesitaría un importe de casi 14.000 millones para arreglar el montante de carreteras deterioradas. Por el contrario, Extremadura, Madrid y Valencia han sido calificadas como “aceptables”. ¿Qué decir de Navarra? El Gobierno es el titular de toda la red viaria, competencia foral, que discurre por el territorio, a excepción de la Autopista Vasco-Aragonesa (AP-68). Se dividen en vías de gran capacidad y convencionales.
Navarra tiene una densidad media de 65 habitantes por kilómetro cuadrado, cuando la media en España es de 93 habitantes. Las condiciones orográficas del norte impiden que haya una mayor agilidad en los trazados. Cuanta con 3.822 kilómetros, de los cuales 2.149 pertenecen a la red local y 223 de autovías. Los 272 municipios y concejos dispersos por el territorio foral, con núcleos pequeños de población, impiden una mayor calidad en sus carreteras.
Navarra cuenta con un 49% de calzadas con deterioro grave en su asfalto, de manera que está considerada como una región “deficiente”, según la AEC, y necesita más de 480 millones para mejorar los equipamientos viarios. En las décadas de los 80 y 90, la Comunidad foral poseía una de las mejores infraestructuras de comunicación, pero la falta de atención de los gobiernos de Barkos y Chivite ha paralizado el proceso de transformación y ya no poseen los calificativos de seguras, verdes y conectadas. ¿Para qué la sociedad pública Nafarbide de Chivite?
Según un estudio de Institución Futuro, Navarra tiene 1.204 kilómetros que necesitan una actuación urgente (menos de un año) y 648 kilómetros que requieren una intervención a corto plazo, menos de cuatro años. La duplicación de los túneles de Almandoz y Belate, la autovía a Madrid y Jaca, la circunvalación de los pueblos y el TAV son proyectos urgentes que los navarros demandamos.
Luis Landa El Busto. Escritor e historiador.
