Expansión, 17 de febrero de 2007
Julio Pomés, Director de Institución Futuro
Están secuestrando nuestra libertad y no nos estamos enterando. Hay gobernantes que se rigen por un único principio: mantenerse en el poder sin importarles los medios empleados. El modo más fácil suele ser convertir a los ciudadanos con capacidad crítica en dóciles súbditos sin ideas propias.
El arte de manipular la voluntad de la sociedad suele poner de moda, mediante atractivos eslóganes, una ideología hueca, tan aparente como el cartón piedra, que debilita el ejercicio activo de las propias convicciones. Cuando carecen de principios e ideas propios, las personas son proclives a adoptar el pensamiento oficialmente correcto.
Como resulta más fácil batir voluntades apelando al sentimiento que al razonamiento, los modernos caciques saben explotar a fondo el arte de conmover y emocionar a la gente que no está prevenida. Con seductores mensajes hacen creer a muchos que sus vidas tienen sentido si están en la línea de los estereotipos establecidos. Un primer paso para vaciar los cerebros de ideas propias es imponer la homogeneidad mental en los temas que los dirigentes consideren vitales para sus intereses, a la par que, para despistar, se exhibe pluralismo en las cuestiones accidentales. Cuando las personas pierden su identidad diferenciada para asumir clichés uniformes, la manipulación ya no se detecta y se tiene por extraño al que resiste.
Merece la pena recordar algunos hechos recientes que demuestran cómo desde el poder nos están vaciando de valores inherentes a la condición humana. Uno de ellos es la pérdida del sentido de la justicia, que implica negociar con unos terroristas que seguirán asesinando inocentes si no se cede a su chantaje. La paz es un bien deseable pero no puede darse si no existe libertad para las personas.
Un segundo asunto es la agresión a la familia. Que aguantemos una ley en la que el vínculo de dos hombres o dos mujeres constituye un matrimonio deslegitima a los legisladores que la han aprobado e implica una pérdida de sensatez ante este ataque a la civilización. Si además se les concede el derecho a adoptar un recién nacido, se condena al niño a una educación distorsionada frente a la que le hubiera correspondido de acuerdo a la naturaleza: tener un padre y una madre. La compasión emotiva que mueve a conceder niños a los homosexuales, para que sean más felices, no debiera ir en contra de los derechos del niño o de la naturaleza del sentido del matrimonio. ¿No podían haber inventado otro nombre? Pues no, había que fastidiar a los ‘radicales’ que no aceptan el ‘moderno’ concepto de familia.
Un tercer ejemplo del vacío de valores es la imposición del laicismo. Ahora la religión ha de quedar reservada a la esfera íntima. En los años pasados los alumnos cuyos padres lo solicitaban podían tener dos horas de clase de religión a la semana. Ahora, el gobierno central las quiere reducir a una sola hora semanal, para que las clases de religión queden en el marco escolar como un residuo decorativo, a pesar de que es un derecho que otorga nuestra Constitución. Sorprende que no haya horas para la Religión pero sí para la recién inventada asignatura Educación para la Ciudadanía.
Las palabras del Arzobispo de Pamplona, Monseñor Sebastián, resultan esclarecedoras: “si en nuestra sociedad hay una clara diferenciación entre católicos y no católicos, lo justo es que las instituciones públicas respeten esta variedad y el sistema educativo atienda por igual los deseos de un grupo y de otro, sin agravios, sin colisiones, sin presiones de ninguna clase”. En España vamos en sentido contrario a lo que se está planteando en la prestigiosa Universidad de Harvard, donde se considera que el conocimiento religioso es imprescindible en la educación superior. Esta valoración ha llevado a que el comité de revisión de planes de estudio de primer ciclo proponga que, como parte de la educación general, todo alumno haga un curso dentro del área que denomina “Fe y Razón”. Frente a la manipulación no basta la coherencia entre lo que pensamos y lo que hacemos. Hoy hace falta, además, mostrar la rebeldía de proclamarlo sin disimulo.
Institución Futuro
Share This