Si la construcción, los servicios de bajo valor añadido y el turismo no pueden ya garantizar el aumento del empleo y el mantenimiento de la actividad económica, nos preguntamos si será la industria la que asuma el relevo.
La evidencia disponible no nos permite ser muy optimistas. La producción industrial se está reduciendo de forma muy intensa como consecuencia de la caída del consumo y las restricciones financieras que están dificultando la inversión empresarial. Las noticias sobre reducciones de empleo y ajustes serios en empresas del sector de automoción, química, renovables y bienes de consumo están apareciendo con inusitada rapidez en la prensa regional y nacional. La actividad industrial está reduciendose trimestre tras trimestre. Pero los problemas son aún más inquietantes porque no parece que sea un problema coyuntural, de reducción puntual de la demanda, sino que las causas asociadas con esta débil respuesta deol tejido industrial a las primeras dificultades que se manifiestan en los mercados de consumo y bienes de capita son más profundas.