Si Hobbes levantara la cabeza, el 2006 probablemente enterraría su célebre “el hombre es un lobo para el hombre”. Y es que su enfoque licántropo ha evolucionado hacia el filántropo: el pasado año no sólo tuvo lugar la mayor donación de la historia (Buffet, segunda fortuna del mundo, legó 43.500 millones de dólares a la Fundación Gates), sino que en EE.UU las donaciones benéficas crecieron un 60%. Esta mayor preocupación por lo social ha derivado en una nueva tendencia, denominada como venture philantropy (o “filantropía de riesgo”), que aplica los parámetros utilizados por el capital riesgo a las actividades del Tercer Sector (que agrupa a ONGs, fundaciones y algunos think tanks).

Así, esta nueva filantropía diseña estrategias para mejorar la gestión del riesgo y la evaluación de los resultados obtenidos por los receptores. Antes, la benevolencia de las donaciones perseguía paliar las diferencias sociales y mitigar el hambre en el mundo, lo que no parece haber funcionado. Ahora, los filántropos ya no son donantes sino inversores y buscan la obtención de resultados. Tanto es así que este nuevo modelo exige transparencia en su gestión. Por ello, el Tercer Sector está en continua vigilancia (a la vista están casos como el de Intervida –por el desvío de fondos- o Anesvad –por apropiación indebida de dinero-). Asimismo, se ha introducido el concepto de competencia a través de la interminable lista de ONG´s y la dificultad que tiene el donante para elegir entre el gran elenco. Cuando se concibe la ayuda como inversión, como en el caso de los microcréditos por el que Yunus ha sido galardonado con el Nobel de la Paz, las empresas ven una oportunidad para ganar dinero mientras ayudan a personas necesitadas.

Resulta capital que esta “filantropía de riesgo” financie con microcréditos negocios sostenibles que puedan sobrevivir sin donaciones que generen dependencia. Ésa parece ser una de las herramientas más eficaces contra la pobreza sin olvidar el ánimo de lucro.

Entradilla:
Si Hobbes levantara la cabeza, el 2006 probablemente enterraría su célebre “el hombre es un lobo para el hombre”. Y es que su enfoque licántropo ha evolucionado hacia el filántropo: el pasado año no sólo tuvo lugar la mayor donación de la historia (Buffet, segunda fortuna del mundo, legó 43.500 millones de dólares a la Fundación Gates), sino que en EE.UU las donaciones benéficas crecieron un 60%.