
Estamos en crisis. Indiscutible. Todos los indicadores auguran que no vamos a mejor. La estamos padeciendo la sociedad en conjunto.
Pero sabemos que tenemos un tejido empresarial que en gran parte, no es la primera crisis a la que se enfrenta, consciente de que la tiene aquí y de lo que supone no superarla. Que está poniendo todos los medios necesarios para combatirla.
Cada vez que una empresa ha superado una crisis ha sido gracias a que se ha reinventado o ha implementado algo nuevo en la estructura o en la forma de hacer las cosas. Y eso refuerza a la organización. Todas las crisis han producido efectos positivos en los sistemas de gestión y organización empresarial: nuevas políticas financieras, nuevas formas de analizar el mercado, nuevas políticas de gestión y control, nuevas políticas de gestión de recursos, etc. En definitiva, innovación.
Y esta crisis no va a ser diferente. Tenemos un sector empresarial muy preparado. En los últimos 15 años se ha profesionalizado y formado mucho. Las pymes, micropymes y personas autónomas, en las que se apoya en gran medida nuestra economía, han adaptado a sus estructuras los mejores sistemas de organización, que se pensaban reservados para grandes empresas, con unas consecuencias extraordinarias en la planificación de su gestión. Y esto se está poniendo en práctica ahora por las empresas y equipos directivos que les apoyan.
Pero la empresa sola no puede con todo. Sobre ella cae una gran responsabilidad, fundamentalmente en lo que a empleo se refiere. Pero ni puede ni debe asumirla toda ella sola.
La empresa encuentra los recursos financieros, humanos y materiales, tanto en la sociedad como en los demás agentes económicos. En este momento para seguir adelante, hay que facilitarle su obtención.
De aquí que la responsabilidad para afrontar esta situación debe ser compartida. Tenemos que apoyarnos, apoyar a la empresa, para que pueda continuar generando ese valor que impulsa el empleo y la economía.
De nada sirve innovar, poner en práctica nuevas formas de gestión, cambiar la actividad, buscar nuevas alianzas y mercados, si no se dispone de medios para hacerlo, pues se hace inviable la posibilidad de invertir, que es lo que realmente impulsa a la empresa. Ahora que los resultados económicos no son los mismos que hace un año, es cuando se hace imprescindible un mayor apoyo y confianza en nuestra estructura empresarial, para permitir que salga adelante. Y en el caso concreto de las micropymes y personas autónomas – que generan una gran cantidad de empleo y producción – a los que se les exige, para disponer de los recursos imprescindibles para su supervivencia, unas garantías cuyas estructuras no pueden cubrir en muchas ocasiones, este es precisamente el momento en el que debemos confiar más en ellos.
Las empresas navarras estamos preparadas para superar estos momentos. Tenemos formación, somos capaces de adaptarnos a los nuevos requerimientos, podemos ir modificando nuestra planificación y objetivos. Somos más flexibles y más imaginativas. Y nos conocemos internamente mucho más, lo que nos permite corregir nuestros errores rápidamente. Y por encima de todo, mantenemos vivo ese espíritu emprendedor que un día nos llevó a dar el paso para crear nuestra empresa o hacernos cargo de alguna ya existente, confiando plenamente en un proyecto y asumiendo sus beneficios y sobre todos sus riesgos.
Tendremos ahora que reinventar nuestra forma de hacer las cosas, puesto que tenemos delante un horizonte muy diferente al que conocíamos. Y debemos hacerlo con la ayuda e implicación de todos los agentes – administraciones públicas, entidades financieras, sindicatos, sociedad en su conjunto – poniendo soluciones, trabajando para salir lo antes y lo más airosamente posible de la situación en la que estamos inmersos, dejando de esperar soluciones milagrosas. Es hora de coordinarnos al máximo y de mirar hacia delante.
Las empresas tenemos que pensar que donde veíamos competencia, podemos ver alianzas; que donde no veíamos posibilidades de negocio, podemos ver nuestro mercado objetivo; que donde veíamos exclusividad, ahora podemos ver diversidad; que lo que no nos creíamos capaces de hacer, ahora lo vamos a estudiar; que la innovación que veíamos tan lejana, ahora la vamos a implantar; que donde veíamos imposibilidad, ahora vemos oportunidad e incluso necesidad.
En definitiva, que sí, que hay crisis, pero que vamos a ir “a por ella”. Podemos y sabemos superarla. Que somos conscientes de que no van a ser unos buenos momentos, pero que tenemos unos equipos empresariales capacitados para afrontarla, que están haciendo todo lo posible para seguir adelante y que confiamos plenamente en su saber hacer, para mantener la economía y el empleo.
Vamos a confiar en los buenos profesionales, por lo tanto, vamos a confiar en nuestras empresas. Y debemos poner todos los agentes implicados -empresas, administraciones públicas, sindicatos y entidades financieras- nuestro “granito de arena” para ir “a por ella”.
Pero sabemos que tenemos un tejido empresarial que en gran parte, no es la primera crisis a la que se enfrenta, consciente de que la tiene aquí y de lo que supone no superarla. Que está poniendo todos los medios necesarios para combatirla.
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