Si bien desde su inicio el IESE tuvo clara la importancia de conciliar la vida laboral y familiar para el crecimiento económico, moral y sostenible de cualquier sociedad, no fue hasta el año 1999 que acuñamos el término Empresa Familiarmente Responsable e iniciamos la línea de investigación que llevó a la creación del Centro Internacional Trabajo y Familia. Este año estamos, pues, celebrando su X aniversario.

Me llama especialmente la atención que esta entrevista que me que me hicieron hace dos años, siga siendo tan válida hoy como entonces.


Tanto Maruja Moragas como yo entendemos que la conciliación no es un lujo, sino una necesidad, incluso en tiempos de crisis: hace ya diez años que en el IESE venimos investigando los factores que dificultan la conciliación de la vida laboral y familiar. Desde entonces, vienen a nosotras directivos y empresarios con grandes éxitos profesionales pero con fracasos familiares y personales, como consecuencia de haber perseguido el éxito tan sólo en su desempeño profesional. Pero… ¿y si acaba fallando también este éxito, como puede ocurrir en tiempos de turbulencia como el actual? ¿Qué nos queda?

Familia, empresa y sociedad son los vértices de un triángulo imaginario en constante evolución, en cuyo centro está la persona que, con su toma diaria de decisiones, va configurando su realidad y cambiando los ámbitos en los que vive. Así como la familia, la empresa y la sociedad nos influyen a través del aire que en ellas respiramos, también nosotros influimos en hacer ese aire más puro o más tóxico, ya que tanto lo que hacemos como lo que no hacemos tiene efectos expansivos.

Una persona que sabe conciliar tiene una vida que funciona como un todo en lo personal, familiar, profesional y social. No tiene tres o cuatro vidas, es una única persona. La conciliación, lejos de limitarse a ser una moda o un elemento más de la reputación corporativa, ayuda a estructurarnos, equilibrando e integrando los distintos ámbitos en que vivimos.

Hoy en día se busca estar cada vez más preparado para afrontar los retos profesionales. Así, se aprenden materias que afectan a nuestro exterior y que, muchas veces, no afectan a nuestro interior. Es precisamente ese interior lo que hay que cambiar para que las técnicas y conocimientos sirvan para algo; de nada nos sirve conocer todas las recetas sobre eficacia organizativa y gestión del tiempo personal si no sabemos adónde vamos. Además, a nadie le gusta ser dirigido por alguien que no sabe adónde va. Por eso enseñamos a los directivos, antes que nada, a gestionarse a sí mismos.

Lo que no cambia nunca, ni a través de los siglos ni en distintas geografías, es nuestra configuración interna y su funcionamiento. Conociéndola nos entenderemos mejor y sabremos cómo liderar nuestra vida y dirigir a los demás mejorando nuestro entorno. Incluso en momentos de incertidumbre y dificultad como estos.

 

Entradilla:
Si bien desde su inicio el IESE tuvo clara la importancia de conciliar la vida laboral y familiar para el crecimiento económico, moral y sostenible de cualquier sociedad, no fue hasta el año 1999 que acuñamos el término Empresa Familiarmente Responsable e iniciamos la línea de investigación que llevó a la creación del Centro Internacional Trabajo y Familia. Este año estamos, pues, celebrando su X aniversario.
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