
En la gestión de un patrimonio, por pequeño que sea, hay que evitar el síndrome universal de las tres generaciones (“padre bodeguero, hijo caballero y nieto pordiosero”). En Estados Unidos, se calcula que 9 de cada 10 fortunas llegan a desaparecer totalmente con el paso de tres generaciones. Las principales razones de la desaparición de esas grandes riquezas patrimoniales son la falta de formación de los miembros más jóvenes, el desconocimiento del mercado, la falta de afinidad entre los diferentes grupos familiares, la pobre comunicación intergeneracional y la escasa preparación para saber acometer y llevar a la práctica una bien definida estrategia de mantenimiento y crecimiento de la riqueza patrimonial.
Ya lo decía John Kenneth Galbraith: “Si no piensas en tu porvenir, no lo tendrás”.Y es que con un entorno económico inestable como telón de fondo, si usted quiere proteger y prolongar todo aquello que ha conseguido como emprendedor, no como inversor, tendrá que prestar especial atención a la planificación sucesoria, la comunicación intergeneracional y la cohesión familiar.
Según la Fundación NUMA, un catalizador del proceso de excelencia en la formación de las familias inversoras y de la industria financiera, en España la gestión de patrimonios es una industria joven. El desarrollo español de la década de los sesenta hace que no sea hasta finales de los noventa cuando se empiece a registrar una acumulación de riqueza. Pero, por el contrario, nuestra juventud nos convierte en una industria fascinante y compleja, abocada a cambios importantes. Ello se debe, por una parte, a la mayor formación que desean obtener las familias inversoras, a la globalización y el auge de las nuevas tecnologías de la información, que facilitan los procesos.
Las familias inversoras españolas están comenzando a tomar conciencia de las complejidades derivadas de gestionar los aspectos humanos de patrimonios multigeneracionales. Así, hay muchas familias donde conviven el fundador (65-75 años), la segunda generación (40-50 años) y la tercera (20-30 años), con intereses y planes de vida que deben ser respetados y alineados. Es muy importante alertar a estas familias para que pongan en marcha sistemas que prevengan disfunciones familiares promoviendo la cohesión familiar.
Uno de los grandes problemas a los que se enfrentan estas fortunas familiares es la "entropía", una amenaza que se traduce en complacencia, inversiones mediocres, comisiones, impuestos y el troceado de las herencias en porciones cada vez más pequeñas en cada generación.
Ya lo dice Stuart E. Lucas, gurú y experto mundial en gestión estratégica de grandes patrimonios privados, en la introducción de su libro Wealth: Grow It, Protect It, Spend It and Share It (Riqueza: Constrúyela, Protégela, Gástala y Compártela, que se editará próximamente en España): “¿Cuál es la mejor manera de hacer una fortuna pequeña? Comenzar con una grande”. En una entrevista concedida en exclusiva para Institución Futuro, Lucas recomienda invertir si se dispone de liquidez, justo en un momento en el que todo está rebajado y se pueden encontrar activos buenos a mitad de precio.
Pero, ¿cuáles son las claves de la gestión patrimonial en tiempos de crisis? Los profesores de Private Wealth Management Spain nos revelan cómo proteger y prolongar el patrimonio a través de la planificación sucesoria, la comunicación intergeneracional y la cohesión familiar:
1. No perder los valores de referencia: "El problema de esta crisis no es sólo financiero, sino estructural, asociado a la falta de valores como la confianza y la profesionalidad. Se ha perdido la confianza por la falta de transparencia y los conflictos de intereses, derivados, en gran medida, de la confusión e interrelación de los originadores, gestores, comercializadores y asesores de productos y de una desmesurada ambición de los clientes", sostiene Borja Durán, Presidente de CFA Spain y Vicepresidente de GIPS (Asociación Española de Global Investment Performance Standards).
2. Apelar a la honestidad: "Para recuperar la confianza y el correcto funcionamiento del sistema financiero, es necesario evitar la opacidad, reduzcir los conflictos de interés, premiar la buena gestión, persiguir los más altos estándares éticos y profesionales y promover los Códigos de Buenas Prácticas de los Gobiernos Corporativos", incide Durán.
3. Entender bien el producto de inversión:"Hay que evitar productos sofisticados de los que no se conocen sus posibles elementos de riesgo. Paradójicamente, en la crisis financiera las pérdidas más importantes no se han producido en los mercados tradicionalmente más arriesgados, donde son esperables y donde, por lo tanto, los inversores habían hecho un ¨asett allocation¨ más conservador", afirma Ismael Picón, patrono de la Fundación NUMA y ex Director General del BCH Bolsa.
4. Hacer todos los deberes:"Los inversores deben asumir su parte de responsabilidad en esta crisis y reflexionar sobre si verdaderamente hicieron un análisis previo de su estrategia financiera, si buscaron los gestores adecuados, si tomaron el tiempo necesario para entender los productos o si se dejaron atraer por los cantos de sirena. En los momentos de crisis, hay numerosos activos que se vuelven “ilíquidos”: es muy importante favorecer la liquidez, especialmente con estructuras apalancadas", revela Picón.
5. Gestionar el valor de la cohesión familiar: "En la actual situación de crisis, la cohesión familiar cobra relevancia como nuevo concepto de creación de valor en la gestión de patrimonios familiares. Facilita economías de escala que reducen los costes de gestión, permite llegar a productos inaccesibles de forma individual y posibilita diversificar de forma más eficiente y precisa los riesgos que se asumen. Se debe gestionar igual una familia que una empresa: establecer un plan de comunicación interna, gestionar conflictos, apostar por la formación, planificar los planes de carrera…", apunta José Ramón Sanz, Presidente del Family Office Grupo NUMA y ex Presidente de Dalphimetal.
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