Expansión, 8 de noviembre de 2006
Julio Pomés, Director de Institución Futuro
El triunfo del Ciutadans-Partit de la Ciutadania ha sido una sorpresa. Los sondeos no le otorgaban escaño alguno en el Parlament, motivo por el que sus adversarios le ridiculizaban con una burla grotesca: ¡sus votantes caben en un autobús!
Una valoración de las potencialidades de este nuevo partido ante la convocatoria a las urnas arrojaba un balance suicida: sin experiencia electoral alguna, con carencia de medios económicos, sin tiempo para darse a conocer (tan sólo disponían de tres meses), sometidos a un apagón informativo desde las instituciones públicas catalanas y los medios de comunicación afines a las demás formaciones políticas y, lo que es peor, víctimas de una acusación calumniosa: han sido tachados de traidores a Cataluña por entender conciliable la pertenencia a España y a Cataluña.
A esta condena a la muerte civil se debe añadir la violencia moral y física contra los líderes de Ciutadans para que abandonaran el proyecto. Recuérdese que los ‘patriotas’ independentistas catalanes intimidaron y agredieron a Arcadi Espada en uno de sus mítines en contra del Estatut, actos que gozaron de total impunidad por la actitud de los Mossos d’Esquadra.
¿Qué sentimiento ha despertado Ciutadans para lograr un resultado tan abultado, si se contemplan las expectativas previas? ¿De dónde han salido los casi 90.000 votos cosechados? Sin duda, una de las razones que justifica el logro de esos tres escaños es la protesta de una sociedad civil que está harta de la clase política y que repudia sus manejos. Ante tanto profesional de la política, sin méritos objetivos en su currículum, que mira más por sus intereses personales y los de su partido que por el bien común, los ciudadanos se rebelan contra la partitocracia y apuestan por profesionales que deciden ejercer de políticos.
Ciertamente, algunos de esos votos han salido de antiguos seguidores socialistas crispados con un PSC que ha renegado de sus principios esenciales. Esta traición a la propia identidad del partido ha llevado a impulsar un Estatut intervencionista que limita la libertad de los catalanes, cuestiona el desarrollo económico y fractura la unidad de España.
Si el apoyo a Ciutadans se puede leer en clave de protesta al modo de hacer política en nuestro país, más lo es el castigo que implica la altísima abstención registrada. Este resultado deslegitima la práctica democrática que se ha impuesto en el país. Para muchos electores, ausentarse en los comicios electorales es el modo de testimoniar su desprecio o desinterés por la acción política. Curiosamente, si los abstencionistas (43,23%) hubieran votado a un mismo partido, éste habría ganado las elecciones. Parece claro que es ahí donde el nuevo partido puede encontrar su mejor cantera de votos para los próximos comicios municipales.
Un riesgo que tiene Ciutadans es intentar presentarse en toda España. El esfuerzo sería tan grande que este partido podría descuidar la atención a los ciudadanos que le han votado y la probable decepción impediría que le otorgasen su confianza de nuevo. Ahora, Albert Rivera y demás líderes de Ciutadans deben centrarse en consolidar lo conseguido y demostrar que son capaces de batallar en el Parlamento de Cataluña.
Además, tendrá peleas con todos los partidos: con los catalanistas por su defensa del bilingüismo y con el PP por el posicionamiento izquierdista de sus líderes en temas éticos. Otro reto pendiente de Ciutadans es conseguir un buen trato en los medios de comunicación catalanes, desafío que no será fácil porque la mayoría de éstos están influenciados por sus adversarios políticos.
Ciutadans debe ser consciente de que parte su triunfo procede del acoso del nacionalismo de CIU y del converso PSC hacia los defensores de la españolidad de Cataluña. Este hostigamiento ha sido especialmente irritante al imponer el catalán como primera lengua mediante inmersiones lingüísticas obligatorias y la equiparación del castellano con las lenguas extranjeras. Estas agresivas políticas no existen en otras Comunidades Autónomas, por lo que es probable que el resultado electoral obtenido en Cataluña no sea extrapolable al resto de España. Hay tanta esperanza puesta en Ciutadans que su primera obligación es ser muy prudente para no defraudar a sus ilusionados seguidores.