Boletín 7 días, CEN, 18 de mayo de 2007
Colaboración de Institución Futuro
Para muchos, los chinos están llamados a ocupar en el siglo XXI el liderazgo que Estados Unidos ha ostentado en la última centuria. Sin embargo, otros expertos consideran que China no tiene un especial afán de ostentar el liderazgo y que simplemente, reforzará su posición en el mundo para satisfacer sus intereses políticos y económicos. En coherencia con la conducta que este país ha exhibido durante milenios, hay quien piensa que los chinos no están dispuestos a convertirse en los nuevos gendarmes del planeta.
Pero, por otro lado, no se descarta que ante la ausencia de competidores del mismo tamaño, China se vea abocada a ocupar de forma natural la posición que actualmente ocupan los Estados Unidos. Por todo ello, resulta interesante reflexionar sobre las condiciones actuales de este país y explorar la posibilidad de que a medio plazo se convierta en el líder político y económico de nuestra civilización. Examinaremos la evolución de su economía, las circunstancias políticas, el poder militar y su agenda de relaciones internacionales.

Hasta hace apenas un año, el protagonismo de China se circunscribía al ámbito económico. No en vano, la transformación que se ha producido en los últimos decenios, y en particular en la década más reciente, ha tenido repercusiones en todo el mundo. Afirma Jeffrey Bader, Director de China Iniciative, que “hace veinticinco años, China ocupaba el trigésimo lugar en la clasificación mundial.

Apenas recibía inversión extranjera, los foráneos no podían entrar en el país y la movilidad interior era nula. Desde entonces, ha sido el país que más rápidamente ha cambiado en toda nuestra Historia”. Un crecimiento anual superior al 9 por ciento la ha situado como la tercera economía del planeta, en la que 400 millones de personas han superado el umbral de la pobreza y que es la segunda receptora de dinero exterior.

La evolución económica de China

En general, se considera que la prosperidad de los chinos ha tenido efectos positivos sobre la globalización y ha mejorado la salud de la economía mundial. No obstante, su presencia poderosa ha desafiado la competitividad de los países desarrollados y ha contribuido a acelerar los procesos de deslocalización. Por otro lado, el gigante asiático ejerce cierta competencia desleal con la piratería de todo tipo de productos. Asimismo, se cuestiona que actúe en el mercado bajo las mismas condiciones que las democracias avanzadas, ya que en China aún no se ha logrado la adecuada protección de los trabajadores. La incógnita ahora radica en saber por cuánto tiempo se mantendrá la fuerte tasa de crecimiento. De seguir así, hay previsiones que apuntan a que los chinos superarán a la economía norteamericana a mediados del siglo XXI, “lo que puede llevar a una reforma del sistema global de comercio e inversión, y a una redistribución del poder”.

Según Wing Woo, de la Universidad de Columbia, tal cambio está lejos de ocurrir porque China precisa de importantes transformaciones para conservar su crecimiento. De lo contrario, entrará en declive. “En el último Pleno del Comité Central del Partido Comunista Chino, se ha decidido que el crecimiento económico deja de ser una prioridad para China. Se le anteponen cuestiones como la democracia, el orden social y la armonía con la Naturaleza. Los dirigentes chinos son conscientes de que el desarrollo acelerado ha traído consigo problemas sociales y un gran deterioro del medio ambiente”. A juicio del experto, las autoridades chinas prefieren sacrificar la economía en favor de un mayor equilibrio, temerosas también de que la inestabilidad social acabe con la hegemonía del Partido Comunista.

Para Barry Naughton, de la Universidad de California, estas ideas de los líderes chinos no contienen más que retórica. “El Partido Comunista Chino tiene una larga costumbre de utilizar la retórica para agradar los oídos, sin que lo que anuncia equivalga a lo que realmente van a hacer”. El investigador considera que la evolución económica es imparable y va a continuar. “Debido a la política de natalidad tan restrictiva, China cuenta con una fuerza laboral que no tiene personas dependientes a su cargo. Al mismo tiempo, se está produciendo una fuerte migración al entorno urbano, lo que incrementa aún más el capital humano disponible”. Por ello, prevé que hasta el año 2015, China seguirá creciendo rápidamente, sin que importe demasiado lo que afirme el pragmático Partido Comunista, que acaba de legalizar la propiedad privada.

El analista vaticina que hacia 2015, los chinos superarán económicamente a Japón, “lo que les convertirá en el poder predominante en Asia y obligará a un cambio claro en la estrategia exterior de Estados Unidos”. Es más optimista que otros, y aunque reconoce que después de ese año veremos un crecimiento más moderado de China, piensa que en 2035 se colocará en el mismo nivel que Norteamérica. “Entonces habrá que hacer ajustes en la política externa y definir qué vínculos deben mantener dos países de similar capacidad económica”.

Por ahora, ha sido la economía el principal elemento de la agenda de los dirigentes chinos y el que ha guiado sus escasas incursiones en el espacio internacional. Se ha tenido la impresión de que su diplomacia sólo se ha desplegado en los diez últimos años cuando necesitaba apoyar sus intereses económicos. Una muestra de este planteamiento la encontramos en la energía, sector en cuya dimensión política China sí ha querido intervenir. Como afirma Pablo Bustelo, del Real Instituto Elcano, “la creciente demanda de petróleo por parte de China está alterando de forma significativa la geopolítica internacional de la energía. Las previsiones de crecimiento del consumo y de incremento de las importaciones de petróleo han generado preocupación de los líderes chinos sobre la seguridad energética del país”. Además de aumentar la producción propia, China intenta controlar las rutas de transporte y asegurarse las fuentes de suministro para que una falta de crudo no estrangule su despegue. La iniciativa provoca tensiones con terceros y obliga a que los chinos se vean obligados a entrar de lleno en la esfera mundial como potencia. Para Bustelo, cabe pensar por ejemplo que “la expansión de las fuerzas navales del Ejército de Liberación Popular (ELP) puede entenderse como expresión de proteger las líneas marítimas de transporte del crudo importado de Oriente Medio o de África Occidental”.

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Institución Futuro
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