
EE.UU. y Canadá adelantaron su horario de verano el 11 de marzo, tres semanas antes de lo habitual, para reducir el consumo de energía. En estos países también se retrasará en una semana el paso al horario de invierno: se hará el primer domingo de noviembre y no el último domingo de octubre. Entre los beneficios de este cambio de horario se mencionan la reducción de los gases de efecto invernadero y el ahorro de energía. No obstante, también se ha criticado esta medida debido a los gastos que supone poner a punto los softwares para el nuevo horario. Las compañías aéreas también se quejan de las posibles pérdidas debidas a la desincronización de sus horarios con los europeos.
En España también se lleva a cabo el cambio horario para aprovechar una hora más de luz por la mañana en el invierno. Pero la pregunta que uno se hace es, ya que en nuestro país empezamos a trabajar, de media, una hora más tarde que el resto de los europeos ¿porque necesitamos esta hora más por la mañana? ¿No sería mejor aprovecharla por la tarde, dado que lo habitual es que el horario laboral termine a las siete, hora a la que en otros países ya empiezan a preparar la cena? Otra duda que puede surgir respecto al cambio horario es por qué tenemos la hora de centro Europa en vez de la de Inglaterra, si el meridiano de Greenwich pasa por España. El tener el mismo horario permite sincronizar el horario de nuestro tráfico aéreo y de trenes con los europeos, así como el de los comercios. Ahora bien, cabe plantearse por qué no resulta problemática la diferencia horaria con el Reino Unido, Portugal o las Islas Canarias.