Expansión, 26 de enero de 2008
Julio Pomés, Director de Institución Futuro
Esta consigna marxista, muy en la línea de aquella otra de que “el fin justifica los medios”, parece que vuelve a ser practicada por Rodríguez Zapatero, a tenor de sus declaraciones del pasado sábado sobre la incorporación de Manuel Pizarro al Partido Popular.
El presidente del Gobierno aprovechó la cumbre luso-española para denigrar al número dos de la lista de los populares en Madrid. Entre otras injurias, dijo que su fichaje por el PP implica una “política más integrista” y “posiciones fundamentalistas cerradas”.
Este ataque ha ido acompañado de una sarta de insultos de otros cargos socialistas, como “tiburón del capitalismo que sale de la madriguera” (José Blanco), ‘indecente’ (María Teresa Fernández de la Vega, utilizando la rueda de prensa institucional de un Consejo de Ministros), “tiene una visión especuladora de la política” (Jesús Caldera) y “está al servicio de los combates más inconfesables de la derecha anti-catalana” (José Montilla). Además, un periódico caracterizado por su proximidad a La Moncloa asociaba al perfil de Pizarro otra insidia: “Ya ha ganado dinero suficiente y ahora sólo le motiva el poder”.
Las críticas son tan descomunales que están consiguiendo el efecto opuesto al pretendido: no sólo casi nadie se traga semejantes embustes, sino que está mermando drásticamente la credibilidad de los acusadores. Los socialistas se han excedido en la virulencia de la caza y captura que han emprendido por segunda vez con Pizarro. Es triste que el PSOE no haya sabido aceptar su derrota con el caso Endesa y se haya quedado con un resentimiento tan fuerte que no le deja reflexionar. Parece mentira que no hayan aprendido del estrepitoso ridículo que hicieron en una Comisión de Industria del Senado, cuando culparon injustamente al entonces Presidente de Endesa de haber defendido su propio interés en la OPA de la eléctrica. Aunque hicieron sufrir lo indecible a Pizarro, éste, con un ejemplar de la Constitución en la mano, ganó abrumadoramente el debate, demostrando con su ingenio tanto su inocencia como la perfidia del gobierno.
Cualquiera que conozca a Pizarro sabe que su vinculación al PP no añade radicalismo alguno a esta formación, sino, al contrario, un planteamiento liberal en el modo de organizar la sociedad. Además, la habilidad que el turolense ha demostrado en su largo recorrido profesional es la de saber lograr consensos que tuvieran en cuenta a todos. Esta destreza quedó corroborada en la defensa que hizo de los pequeños accionistas de Endesa frente a un gobierno que violentó la ley, tal y como han dictaminado los tribunales comunitarios. De ahí que lo que ha dicho Zapatero en Braga sea una calumnia tan burda que, más que deshonrar a Pizarro, al que de verdad ha perjudicado es al que inventó la patraña.
La gran diferencia de Pizarro respecto a sus detractores reside en que es más respetuoso que ellos y no responde a las infamias con insultos similares. Más aún, el nuevo candidato no sólo prescinde de ataques personales a sus rivales, sino que es constructivo al hablar de lo que él y su partido quieren hacer. Por el contrario, los candidatos del PSOE son más proclives a una crítica destructiva de las promesas de sus adversarios. En esta lucha encarnizada que vive la política española, Pizarro tiene en su ética y buena educación la mayor debilidad para enfrentarse a la falta de escrúpulos y la agresividad que encierran los debates electorales.
El PSOE actúa torpemente cuando golpea la pétrea integridad del ex presidente de Endesa, pues es como dar cabezazos contra la pared. El nuevo afiliado al PP es invulnerable a la campaña de desprestigio orquestada por los socialistas, porque puede probar con hechos que ha sido un profesional excelente y que, además, todo su dinero lo ha ganado limpiamente. Es grotesco que los socialistas presenten como un demérito que Pizarro haya tenido éxito en su vida laboral. Lo que los electores quieren es que gobiernen los mejores y ahí Pizarro no sólo ha puesto de manifiesto una gran competencia, sino que además ha demostrado saber anteponer los intereses de los ciudadanos a los propios, como refleja su salida del Consejo de Telefónica. Otro rasgo del carácter de Pizarro, que pone nerviosos a los socialistas, es que convence cuando habla porque transmite que cree en lo que dice. ¡Ojalá los políticos que insultan a Pizarro tuvieran sus cualidades!