La Comisión Europea ha adoptado (8 de febrero) un plan para aumentar la producción de biocombustibles. El momento parece oportuno, además de por las obvias implicaciones medioambientales, por el elevado precio del petróleo, en torno a 60 dólares el barril, materia de la que la UE es altamente dependiente, y por las disputas entre Rusia y Ucrania sobre el acuerdo de gas natural. Europa es responsable de más del 20% de las emisiones de gas invernadero, de ahí que la Comisión Europea quiera potenciar la producción de biocarburantes que, aunque más costosos en su producción, resultan un sustitutivo directo de los combustibles tradicionales. La Directiva de Biocombustibles de 2003 establecía que para 2005 un 2% de la producción de carburantes debía provenir de biomasa (cereales y remolacha) y para 2010, un 5,75%.

Sin embargo, el objetivo de 2005 no se cumplió y parece casi imposible que el de 2010 se lleve a la práctica: el consumo europeo de esta materia debería multiplicarse por diez para alcanzar esa cifra. El nuevo plan pretende estimular la demanda de biocarburantes, desarrollar aún más su producción y apoyar la investigación de los biocombustibles. Navarra es una comunidad pionera en esta área: cuenta con una planta de biodiesel de 35.000 toneladas de producción anual en Caparroso, propiedad de Acciona. Ésta es capaz de transformar aceites vegetales de diverso origen en biodiesel. Esta misma compañía ha instalado surtidores de biodiesel puro: se oferta biocombustible a casi el mismo precio que el diesel convencional porque el primero no está gravado con impuestos.

La Comunidad Foral es un buen ejemplo de cómo otras regiones, e incluso países, deberían desarrollar energías alternativas. Sin embargo, debería seguir trabajando en esta dirección para mantener su liderazgo en este sector.

Entradilla:
La Comisión Europea ha adoptado (8 de febrero) un plan para aumentar la producción de biocombustibles. El momento parece oportuno, además de por las obvias implicaciones medioambientales, por el elevado precio del petróleo, en torno a 60 dólares el barril, materia de la que la UE es altamente dependiente, y por las disputas entre Rusia y Ucrania sobre el acuerdo de gas natural.