Yo creo que el Muthiko no tenía la intención de ofender los sentimientos religiosos de los pamploneses cuando configuró su cartel, pero, aunque no lo pretendiera, lo ha conseguido. La presentación de esta pancarta, si al final se hace pública en nuestras calles, no favorece ni la imagen de la peña, ni la de nuestras fiestas, ni lo que es más importante: el respeto que merece la libertad de elegir ser y vivir como cristianos. Esa ofensa gratuita que representa el grosero dibujo hay que valorarla también desde el profundo significado que tiene la religión en la singularidad de Navarra. Es innegable que la pancarta contradice las raíces cristianas que conforman el carácter de nuestra tierra. La historia, la cultura y las señas de identidad de la Comunidad foral entrañan un gran respeto a la religión de nuestros antepasados y de la mayoría de los navarros. La agresión no es sólo a los cristianos, sino también a la propia personalidad de Navarra.
Otro aspecto a tener en cuenta es la necesidad de mejorar el ambiente de nuestras fiestas. La fiesta no mejora por ser más bastos. Su gran popularidad internacional requiere que se cuiden con esmero los contenidos gráficos que difunden profusamente los medios de comunicación. La imagen de nuestra ciudad debe ir unida a un tono cívico en los populares carteles de fiestas, y el del Muthiko degrada el estilo que deseamos en nuestros Sanfermines.
Como miembro de un “think tank” liberal, manifiesto que escribiría el mismo tipo de artículo si la religión ofendida fuera cualquier otra que respete los derechos humanos. Asimismo, considero que la pertenencia a la civilización cristiano-occidental tiene consecuencias; tolerar que se pueda insultar a capricho es un retroceso hacía épocas tan ignorantes como salvajes. Sorprende que las peñas pidan disculpas y que no tengan la coherencia de retirar los insultos de sus pancartas.
Por último, desearía señalar la inoportunidad del momento de esta ofensa a Fernando Sebastián, al estar muy próxima su jubilación. Sería una pena que una persona que se ha desvivido para ser un buen pastor para todos los navarros, y que además ha contribuido como nadie a que haya paz y concordia en nuestra tierra, tuviera un ataque tan vil como despedida. Es de bien nacidos el ser agradecidos y el arzobispo merece la gratitud de todos los navarros y en particular un gesto que lo compartirá toda Navarra: el que el Muthiko retire su pancarta.