En 2005, cinco años después de establecerse la “Agenda de Lisboa”, los jefes de estado de la UE decidieron rediseñar las prioridades de crecimiento y empleo de la Unión. Los ámbitos primordiales señalados fueron: la inversión en educación, investigación e innovación; la vía libre para las PYMEs; el desarrollo de políticas de empleo e inserción en el mundo laboral; y la garantía de suministro de energía seguro y sostenible. El Consejo Europeo que se celebrará el 23 y 24 de marzo, jueves y viernes de esta semana, discutirá la evolución de esta nueva estrategia. La Comisión Europea ya ha elaborado un informe de evaluación, pero se resiste a fijar un ranking que indique de forma clara qué países están en el buen camino y cuáles no han hecho todo lo posible por desarrollar las políticas trazadas en Lisboa.
A los líderes europeos, dos think tanks les han facilitado el trabajo al analizar y evaluar la trayectoria y resultados de cada estado miembro. El think tank belga Bruegel (Brussels European and Global Economic Laboratory) ha evaluado los programas de reforma nacionales según la implicación de los parlamentos nacionales y la sociedad civil en esta área. En el ranking de Bruegel, con escala del 1 al 12, el mejor país resulta ser Estonia (11 de 12) seguida, entre otros, de Austria, Dinamarca, Polonia y España (7 de 12). Los países menos implicados son Bélgica (3), Alemania (2) y el Reino Unido (1).
Por su parte, las conclusiones del estudio del Centre for European Reform resultan más positivas al indicar que la competitividad de los países recientemente incorporados es en algunos casos mayor que la de las economías de Alemania, Italia y Francia. Los que aprueban en la implementación de la renovada Agenda de Lisboa son Dinamarca, Suecia y Austria, mientras que Polonia, Italia, Grecia y Portugal suspenden el examen. Ojalá esta comparación de estados miembros sirva para mejorar y estimular las políticas pactadas.