Algunas ampliaciones europeas, como la de Bulgaria y Rumanía, son ya un hecho: en 2007 ó 2008 a más tardar se convertirán en miembros de pleno derecho de la UE. Otros estados, sin embargo, no las tienen todas consigo. Las negociaciones con Croacia y Turquía plantean serias dudas sobre los límites que la Unión debería establecer en sus ampliaciones. La llamada “capacidad de absorción” de la UE se ha invocado con frecuencia en un intento de frenar las ampliaciones. Si antes todo estado europeo que respetara y aplicara los valores de la UE (democracia, imperio de la ley, derechos humanos, economía de mercado, etc) podía solicitar su acceso y tenía casi garantizada su entrada, ahora muchos expertos pronostican que en el futuro no sólo será necesario que los países candidatos cumplan con los criterios, sino que la UE también tendrá en consideración “si le resulta conveniente” aceptar a los candidatos. Esa conveniencia vendrá marcada en muchos casos por el aspecto económico: varios países de la UE-25 no son partidarios de permitir que algunos candidatos, en peores situaciones económicas que ellos, se unan a la UE, porque ello supondría una reducción de los fondos comunitarios para las economías más saneadas.

El celo de algunos países ya se puso de manifiesto en las negociaciones para aprobar el presupuesto europeo 2007-2013, cuando su resultado se midió casi en exclusiva por las ayudas que cada primer ministro había podido conseguir para su país. Resulta obvio que cuantos más comensales se sienten a la mesa, menos tocará por cabeza. Sin embargo, en este debate no debería olvidarse que en la historia de la integración europea ha habido países con situaciones económicas precarias, entre ellos España, que han podido “revivir”gracias a su pertenencia a la Unión. Quizá ahora les debiera tocar el turno a otros.

Entradilla:
Algunas ampliaciones europeas, como la de Bulgaria y Rumanía, son ya un hecho: en 2007 ó 2008 a más tardar se convertirán en miembros de pleno derecho de la UE. Otros estados, sin embargo, no las tienen todas consigo. Las negociaciones con Croacia y Turquía plantean serias dudas sobre los límites que la Unión debería establecer en sus ampliaciones.