La central nuclear de Almaraz lleva generando energía limpia veinticuatro horas todos los días del año sin ningún incidente reseñable y manteniendo varios miles de puestos de trabajo en Cáceres, en la España vaciada, desde hace 40 años. Técnicamente podría continuar así, al menos veinte años más, como lo están haciendo sus “gemelas” en los Estados Unidos de América. Revisando los datos de 2024, Almaraz generó 15.655GWh que, para hacernos una idea, equivale a 2,45 veces el consumo energético total en Navarra (2024) o al 7% del de toda España.
En el año 2019, y en base a un plan de desarrollo del sistema energético con un objetivo de reducción de emisiones de CO2, el gobierno firmó un acuerdo para el cierre programado de toda la generación nuclear en España siguiendo el modelo alemán. La primera central afectada es la de Almaraz. Pero, ¿tiene sentido seguir manteniendo el mismo plan analizando la situación en 2025 y tras el apagón del pasado mes de abril? Hoy, España, es el único país junto con Taiwán que mantiene el parón nuclear. Japón está volviendo a poner en marcha las centrales que pararon tras el accidente de Fukushima; en USA, compañías como Microsoft están firmando contratos para arrancar centrales hoy paradas; Francia ha anunciado la construcción de seis nuevos reactores EPR2 (1.600MW cada uno); y por toda Europa se están prolongando los permisos de explotación más allá de los 40 años.
El plan desarrollado por el Gobierno, el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), establece una serie de objetivos para nuestro sistema de generación y distribución eléctrica. Algunos de ellos no se están alcanzando, en especial aquellos referidos al almacenamiento de energía eléctrica, ya sea por bombeo o mediante baterías. Este almacenamiento es vital para poder gestionar la intermitencia de la generación renovable, ya que por la noche o en los periodos sin viento, ésta puede caer prácticamente a cero. Si no disponemos de una generación base, se podrían repetir episodios como los del pasado mes de abril.
Mucho se ha hablado y escrito sobre el apagón. No voy a entrar a analizar si la causa fue o no fue la falta de inercia, pero lo que sí podemos analizar es lo que Red Eléctrica está haciendo desde aquel día. Red Eléctrica implantó un “sistema reforzado”. Si revisamos los datos reales de las centrales que aportan inercia extra, que son las centrales de ciclo combinado, podemos ver que la generación de este tipo de centrales ha aumentado un 44% mientras que la generación total lo ha hecho solo en un 4%. Dicho de otro modo, Red Eléctrica está aumentando la inercia del sistema para asegurar la estabilidad de la red.
Si repasamos la prensa de finales de septiembre, también se informó sobre lo cerca que estuvimos de un nuevo apagón, casualmente y como en abril, cuando, por causa de paradas programadas, la generación nuclear estaba solo a un 70%. Ésta sería la situación si Almaraz se cerrara definitivamente y tendríamos que recurrir de manera continua al “sistema reforzado”, quemando enormes cantidades de gas natural importado en las centrales de ciclo combinado. A lo largo de 2025, en los medios se ha publicado que son las compañías eléctricas la que quieren cerrar las centrales nucleares. Éste es un tema que está relacionado con la fiscalidad que el Gobierno está aplicando a este tipo de energía, y que en los últimos cinco años se ha incrementado en un 70%. Y que, además, grava la producción y no la facturación, que es como lo hace en cualquier otra actividad económica. De hecho, el gobierno extremeño ya ha reaccionado y ha propuesto ajustar la fiscalidad en su tramo autonómico. Lógico.
El Gobierno justifica este incremento por el coste del tratamiento de residuos, pero lo que no se explica es que los residuos, salvo el del propio combustible (aproximadamente 30 toneladas por año), se generan precisamente al desmantelar la central. Por tanto, si se prologa su operación, no solo tendremos una fuente barata, limpia y segura de generación eléctrica, sino que nos podremos ahorrar muchos miles de millones de euros en su desmantelamiento.
En cuanto a los vertidos de CO2, asumiendo la intermitencia de las fuentes renovables y la falta de almacenamiento suficiente, podemos estimar que estos aumentarán en 2.700.000 toneladas año. Y si queremos cumplir con los objetivos pactados deberían ser tratados adecuadamente con un coste muy superior a las 30 toneladas que anualmente genera Almaraz. Estas emisiones tendrían un fuerte impacto en Navarra ya que parte de este incremento se produciría en Castejón donde existe tres centrales de este tipo.
La buena noticia que hemos conocido hace pocos días es que, a pesar de la fiscalidad excesiva, las compañías eléctricas propietarias de la central de Almaraz han solicitado al Gobierno la continuación de la central más allá de 2027.
Como conclusión: hoy, y hasta que el sistema eléctrico no cuente con la capacidad de almacenamiento suficiente, parece insensato desperdiciar una capacidad de producción segura, estable, limpia y barata, que además mantiene miles de puestos de trabajo en la España vaciada. Solo confío en que nuestro Gobierno recapacite, deje a un lado los sesgos ideológicos y se focalice en el análisis técnico y científico de la cuestión. En una semana tendremos la respuesta que confío en que se positiva. ¿Hoy Almaraz? ¡Sí, gracias!
