El papel que juegan los consejeros de administración de las empresas es muy relevante, o al menos debería serlo. Por ello resulta sorprenderte leer las conclusiones de dos recientes estudios. Uno de ellos indica que los consejeros españoles, que ganan de media 96.000 euros anuales, sólo participan en un 66 por ciento de las reuniones del consejo de administración, el promedio más bajo de toda Europa. El estudio de la consultora Heidrick & Struggles indica que a pesar de lo mucho que cobran por asistir a cada reunión (3.813 euros), se sigue dando el “absentismo laboral”. La razón esgrimida es la tradición de nuestro país de otorgar asientos en los consejos de administración a las familias con participaciones significativas en las empresas. El informe añade que sólo el 60 por ciento de las empresas hacen públicas las remuneraciones de sus directivos, cifra muy superior en el resto de países europeos. El otro estudio que analiza el comportamiento de los directivos es Where are the sareholders’ manions?, escrito por dos profesores universitarios estadounidenses. Según estos, si el consejero delegado de una compañía se compra una mansión, los accionistas deben vender sus títulos al momento.
Esta pasmosa afirmación se sustenta en el estudio de las actividades inmobiliarias de casi 500 consejeros delegados de las empresas incluidas en el índice Standard and Poor’s 500. Así, el que un directivo se compre una vivienda de más de 1.100 metros cuadrados no significa que se esté comprometiendo con la empresa, sino que se está “atrincherando”. Los autores ponen como ejemplo a Warren Buffet, el segundo hombre más rico del planeta y dueño de Bwerkshire Hathway. Éste vive desde 1958 en una modesta casa en Nebraska y las acciones de su empresa están por las nubes. Por el contrario Bill Gates, dueño de Microsoft, posee una mansión de más de 7.00 metros cuadrados y las acciones de su empresa han bajado un 50 por ciento desde 2000.