Expansión, 13 de septiembre de 2003
Julio Pomés, Director de Institución Futuro
Formar la conciencia ciudadana es esencial para reducir el gasto farmacéutico.
Formar la conciencia ciudadana es esencial para reducir el gasto farmacéutico. Las estimaciones económicas no dejan lugar a dudas: si no hay una moderación del gasto en medicamentos ahora, el recorte será drástico e insufrible en pocos años.

Hace dos meses escribí en estas páginas un artículo que ha suscitado polémica: ‘El despilfarro farmacéutico’ (Expansión 7/6/2003). Una semana más tarde apareció una aclaración en la que se corregía una errata que había introducido el periódico acerca del consumo de genéricos en España. El pasado 27 de agosto, Expansión publicó una respuesta a mi artículo que no contemplaba la enmienda citada y que corregía un dato mío referido a Holanda. La réplica ponía en cuestión la necesidad del ahorro en sanidad que yo defiendo.

Los autores afirmaban que hay margen todavía para un mayor gasto sanitario. Daré algunas cifras recientes de la factura farmacéutica española. El incremento de este gasto en el año 2002 fue de 9,89%. En los siete primeros meses de este año el gasto en medicinas ha aumentado un 10,39%, siendo el incremento del pasado mes de julio del 12,13%. Estos alarmantes datos exigen la implantación de unas medidas estructurales que frenen el gasto, sin perjudicar la salud. Hasta ahora, los ahorros conseguidos han sido debidos a actuaciones coyunturales, que no siempre han podido consolidarse con el tiempo a causa de las fluctuaciones del mercado. Les aseguro que detrás de mi alegato de la necesidad de recortar el gasto sanitario no está el que el país atesore recursos, sino simplemente asegurar que podamos mantener el bienestar que disfrutamos. Las estimaciones económicas no dejan lugar a dudas: si no hay una moderación razonable ahora, el recorte que obligatoriamente habrá que implantar en pocos años será drástico e insufrible. Deberíamos escarmentar en cabeza ajena, y aprender de lo que países más ricos que nosotros han hecho (Suecia) o están haciendo (Alemania).

El exceso del gasto farmacéutico es una problemática compleja en la que inciden muchos agentes: compañías farmacéuticas, distribuidores, hospitales, oficinas de farmacia, médicos, sistema regulador y, por último, los hábitos de los pacientes. El Ministerio ha actuado ya sobre los laboratorios exigiéndoles unos precios más bajos para los fármacos con más de diez años en el mercado. También está ahora estudiando el establecimiento de unidosis (para que no se desperdicien las pastillas sobrantes).

Entre las variables que ayudarían a disminuir la factura farmacéutica están, de un lado, la expansión del mercado de genéricos y, de otro, el cambio de los hábitos de consumo de los pacientes. Respecto a la primera, el potencial de ahorro de recursos es amplio, sin embargo los resultados actuales, aunque prometedores, son muy pobres todavía si se compara el 3,9% de consumo de genéricos de España con el 46,5% de Reino Unido o el 32% de Alemania.

En cuanto al cambio de hábitos de los consumidores, todos tenemos muy claro que a medida que el coste de un producto se acerca a cero, su consumo tiende al infinito. Dicho de otro modo, favorecer la gratuidad de los medicamentos incentiva su consumo. También ocurre que la valoración de lo que podemos obtener sin esfuerzo suele ser baja, razón que mueve a tener más fármacos en casa que los imprescindibles. Alguien debería calcular los millones de euros que se pierden por medicamentos en los que los pacientes no llegan a abrir el envase. Considero que la prevención de una asistencia sanitaria futura en lo importante exige recortes ahora de las prestaciones accesorias.

Porvenir sanitario

Es conveniente formar la conciencia ciudadana para asumir la salvaguardia de nuestro porvenir sanitario. Nos dolerá, pero conviene que el copago permanezca y que también contribuyan, al menos con un simbólico porcentaje, los sectores que gozan de gratuidad. Obviamente una regulación de este tipo debe contemplar múltiples excepciones: los enfermos crónicos que precisen una medicación gravosa, los indigentes, los ancianos con una pensión muy baja, etcétera. Nuestra clase política debería aprovechar el comienzo del próximo mandato, lejos todavía de las siguientes elecciones, para hacer esas reformas, tan poco gratas como necesarias.

Estoy convencido de que los electores no penalizarán estas medidas si transcurre el suficiente tiempo para que el enfado inicial sea vencido por la reflexión. Lo que de verdad cuenta cuando vamos a votar es la confianza en los candidatos, y esa estima se gana mediante la responsabilidad en la acción de gobierno que aquí reclamamos. Es conveniente formar la conciencia ciudadana y reducir el gasto farmacéutico para asumir la salvaguardia de nuestro sistema sanitario

Institución Futuro
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