Fabricantes de ideas

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Fabricantes de ideas

Tiempo de hoy, 23 de enero de 2006
Los "think tanks" se multiplican en España

Otra forma de hacer política, una referencia intelectual, grupos de presión encubiertos, la materialización de la sociedad civil o creadores de opinión. Todas ellas son definiciones de los think tanks, un fenómeno complicado de delimitar tras el que se esconde el origen de un buen número de gobiernos de nuestro entorno.

Reformas económicas como las llevadas a cabo por Margaret Thatcher en Gran Bretaña o Ronald Reagan en Estados Unidos tuvieron su origen en centros de estudio como el Institute of Economic Affairs o la Heritage Foundation. En Francia, el ministro de Interior, Nicolas Sarkozy, ha delegado en un think tank hecho a medida la construcción y promoción de su probable candidatura a la Presidencia.

Estudios, análisis y sondeos sirven a los think tanks de todo el mundo para modificar programas y servir de guía a los políticos. Parece que todos coinciden en que los laboratorios de ideas o centros de estudio, de acuerdo con la traducción española, venden criterios intelectuales, posturas concretas ante problemáticas públicas. Innovación, demografía, relaciones internacionales, política educativa, los campos de trabajo en los que se mueven son numerosos y sus publicaciones suelen llenar las mesas de ministerios, sindicatos y medios de comunicación. “Los políticos no tienen tiempo de acercarse a los problemas de forma profunda. Nosotros nos encargamos de todo ese trabajo previo, de ser un reflejo fiel de la realidad y una referencia a la hora de hacer política”, asegura Manel Prat, responsable del Centro de Estudios Jordi Pujol.
UNA PEQUEÑA HISTORIA
En España, el fenómeno es muy reciente, casi embrionario. Mientras que los primeros aparatos de opinión norteamericanos surgieron en los años 30, y han alcanzado en la actualidad el nivel de grandes maquinarias con cientos de empleados, los nacionales apenas tienen veinte años de vida. En plena transición hacia la democracia, los primeros grupos aparecían sesgados, partidistas, y resultaba complicado encontrar instituciones independientes. De hecho, aún hoy, es común la utilización de los think tanks en los medios como arma arrojadiza entre partidos políticos o entre publicaciones enfrentadas. En cambio, otros centros, como el Real Instituto Elcano o Cidob, han conseguido salir de la lucha interna y su prestigio les convierte en referentes intelectuales dentro y fuera de España.

Hasta la aparición de los centros más modernos, los máximos exponentes de la independencia eran los think tanks más especializados, económicos o tecnológicos, alejados del mundo político. Juan Mulet, director general de Cotec, prefiere incluso alejarse del concepto: “Somos algo único, muy alejado de los think tanks tradicionales”. Cotec, una fundación surgida en 1990 a sugerencia del Rey para fomentar la innovación tecnológica, es el máximo representante de los centros especializados en España. “El objetivo es llegar a la sociedad, las empresas y las Administraciones, marcar un camino que permita convertir el conocimiento científico en riqueza. Eso en la mayor parte de países desarrollados ya es un hecho, no necesitan de organismos como éste”, explica Mulet. Portugal e Italia han seguido el ejemplo español y ya están en marcha proyectos similares. La unión de estas iniciativas permite actuar no sólo a nivel nacional, sino también comunitario.

“THINK TANKS” E IDEOLOGÍA
Es dentro de los laboratorios de ideas generalistas donde surgen las polémicas sobre su independencia. Las distintas relaciones entre los think tanks y los partidos políticos ofrecen una amplia gama que discurre entre la independencia y prácticamente el lobbismo o presión a las administraciones. Para Pilar Tena, subdirectora del Real Instituto Elcano, los think tanks de partido son “importantísimos” en la creación de programas electorales, pero no pueden ser referencias independientes.

La relación del PSOE con la Fundación Pablo Iglesias o de FAES con el PP no sólo es evidente sino orgánica, se integran en los aparatos y la financiación del partido. Otras, sin vínculos orgánicos ni económicos como Alternativas, comparten sin embargo con el PSOE una visión parecida de la actualidad y acogen en sus filas a muchas figuras socialistas. Para Javier Fernández Lasquetty, secretario general de FAES, la fundación popular “trata de poner a disposición del partido y de la sociedad unos análisis rigurosos, de elaborar ideas que luego la Ejecutiva es libre de adoptar”.

Sólo hay que echar un vistazo a los comités ejecutivos y patronatos de los think tanks para hacerse una idea de la ideología que defienden. Los laboratorios de ideas se han convertido en el retiro de muchos líderes políticos españoles. Todos los ex presidentes de gobierno participan en mayor o menor medida en algún think tank. Diferentes políticos de distinto signo adoptan, sin abandonar la vida pública, un perfil más bajo en las fundaciones que en sus grupos parlamentarios. José María Aznar o Jordi Pujol han creado centros de pensamiento a su medida. También políticos socialistas, como Narcís Serra, Alfonso Guerra o Joaquín Almunia participan en alguno de los centros españoles para no perder los vínculos con la política.

Fuera de los partidos, también resulta complicado alejarse de las ideologías. Igual que en la tradición anglosajona, la mayoría de los think tanks españoles se consideran a sí mismos “de inspiración liberal”. El Instituto Juan de Mariana, creado por un grupo de jóvenes para “defender la libertad individual y el mercado libre como fuente de progreso”, es uno de los ejemplos nacionales. Su estrecha relación con el mundo empresarial y económico hace de estos centros el reflejo más fiel de los grandes think tanks mundiales. El arco ideológico abarca en España, sin embargo, todo el espectro político, desde la izquierda a la derecha conservadora. A nivel internacional, la mayoría de los laboratorios de ideas se integran en redes en las que se comparten datos y posiciones, una especie de asociación para trabajar alrededor de los mismos objetivos. La dependencia de patronatos para su supervivencia condiciona incluso a los centros más académicos, de producción intelectual.
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