TENDENCIAS EN LA SOCIEDAD
Conciliación: una nueva clave en la organización empresarial
Las políticas de conciliación de la vida laboral y familiar se han convertido en un elemento clave para la gestión de la economía y las empresas merced al giro radical que ha experimentado en las últimas dos décadas la división del trabajo dentro de la sociedad. En efecto, el número de hombres empleados en la UE se ha mantenido en 86 millones durante 20 años, mientras que el de mujeres ha pasado de 46 a 61 millones.
De un esquema en que el hombre asumía el trabajo fuera de casa y la mujer el cuidado de la familia se ha pasado a otro en el que los dos realizan una tarea remunerada fuera del hogar, de forma que ambos se incorporan a la economía productiva y dejan al descubierto algunas funciones sociales básicas, un hueco que ha de solventarse con nuevos servicios (guarderías, centros de día para ancianos y muchos otros), con políticas de conciliación o una mezcla de ambos.
Además, la tendencia no tiene vuelta atrás porque la incorporación de la mujer al mercado laboral no es caprichosa. Pese a tener connotaciones relacionadas con el concepto de igualdad, se trata de un verdadero imperativo demográfico, ya que la entrada masiva de la mujer en el mercado de trabajo ha paliado la escasez de mano de obra en un mercado en que las nuevas generaciones son cada vez más reducidas por la baja natalidad y han de sostener una proporción de jubilados en constante crecimiento por el alargamiento de la esperanza de vida. Es más, ni siquiera la incorporación femenina ha logrado resolver este problema y ha sido necesario que las sociedades occidentales recurran a otras soluciones como la inmigración o el alargamiento de la edad laboral.
Esta confluencia de condicionantes estructurales de la economía hace que la resolución de los problemas que plantea la conciliación de la faceta laboral y familiar sea ineludible para los poderes públicos y empresas. Pese a ello, todavía queda un largo camino por recorrer, tanto en España como en gran parte de los países europeos como ponen de relieve las estadísticas, con la honrosa excepción, quizá, de los países escandinavos. Es precisamente en nuestro país donde la necesidad es más acuciante, porque la proporción de trabajadoras está entre las más reducidas de Europa. En la UE la tasa de ocupación femenina está 17 puntos por debajo de la masculina y en España este diferencial alcanza los 30 puntos. Además, la bajísima natalidad hará que nuestro país sea en 2050 uno de los más envejecidos del planeta según las previsiones de Naciones Unidas.
REORGANIZACIÓN DEL TRABAJO Y CONCILIACIÓN
Aunque nos hallamos ante un peor punto de partida, la reorganización del trabajo que implican las políticas de conciliación supone por otro lado una oportunidad única para resolver otros problemas específicos de la sociedad y la economía españolas, como son unos horarios irracionales y una productividad mucho menor que la de los países de nuestro entorno. Numerosos estudios e instituciones coinciden en señalar que la jornada laboral española, más larga y menos concentrada, no sólo no redunda en un aumento de la productividad sino que parece perjudicial para la misma. Los datos de la OCDE muestran como pese a ser uno de los países un mayor promedio de horas trabajadas, la productividad aparente (PIB) por hora de trabajo es relativamente baja en España. La comparación con el resto de los países europeos arroja un panorama similar, ya que aunque la productividad por empleado está por debajo de la media, en el caso de la productividad por hora trabajada sólo países como Portugal y Grecia presentan un comportamiento peor.
El aumento de la productividad se presenta así como una de las grandes asignaturas pendientes para hacer de la española una economía más competitiva y en este contexto sectores cada vez más amplios de la sociedad propugnan una reforma conjunta de los elementos organizativos de la producción española. Así, mientras la Fundación Independiente ha emprendido una campaña (asumida en parte por el Gobierno) para acercar los horarios españoles a los del resto de la UE argumentando que esto produciría, entre otros beneficios, una mayor facilidad para la conciliación de la vida laboral y familiar, grupos como el Círculo de Empresarios plantean la necesidad de que esa reorganización de la jornada se aproveche también para subir unos cuantos escalones en productividad.
Gran parte de las medidas de conciliación pasan por el reajuste horario de algún tipo. Según un estudio realizado por el Instituto de Empresa entre más de cien compañías familiares españolas las medidas de conciliación implantadas se dividen en tres grandes tipos: flexibilidad y/o reducción de jornada (casi el 40%), teletrabajo (6%) y ayudas económicas (10%). Las medidas de conciliación de las que disfrutan por ley los españoles son los permisos de maternidad y paternidad (de muy desigual duración), una excedencia máxima de tres años y la posibilidad de reducir la jornada durante los primeros seis años.
INCONVENIENTES DE LA CONCILIACIÓN
A la luz de las experiencias del resto de los países europeos, donde tanto los permisos como las excedencias son más largas y con mayor cobertura económica, estos dos esquemas presentan algunos inconvenientes, como es el hecho de que alejan al trabajador (generalmente, a la trabajadora) demasiado tiempo de su empleo, lo que produce un elevado coste en cuanto al abandono de carrera o pérdida de las habilidades necesarias para desempeñar el trabajo. De este modo, parece más apropiado fomentar políticas que permitan que el trabajador siga en su puesto y pueda al mismo tiempo atender a su familia. En el caso de España, esto se consigue principalmente a través de la reducción de jornada, una medida que en realidad se utiliza para adaptar los horarios laborales del trabajador a los escolares, que son los que rigen los de la familia. La reducción de jornada no es una solución universal puesto que lleva aparejada un recorte de salario que muchos hogares no se pueden permitir. En la mayor parte de los casos, la reducción recae en la mujer, que se ve atrapada en un “gueto” de trabajo poco considerado y mal remunerado.
Así, para que los padres de ambos sexos y las empresas para las que trabajan puedan realizar su potencial laboral es necesaria una flexibilización o reforma de los horarios, que en el caso de los españoles supondría reducir al mínimo la pausa de la comida para que la jornada laboral terminase a hacia las 17.00 ó 18.00 horas según los casos. Esta es la tendencia que apunta precisamente el plan Concilia aprobado para la Administración, que además de ampliar el permiso de paternidad aborda la jornada flexible, con el límite máximo de las 6 de la tarde para abandonar el despacho. Muchas instituciones sociales abogan por no relegar estas medidas a un mero “privilegio” de los trabajadores públicos. Además, su introducción en el sector privado podría no ser tan complicada como parece y de hecho, según una reciente encuesta de Actualidad Económica entre más de 300 empresas españolas, más del 60% creen que el plan Concilia podría aplicarse al sector privado.
Pero no todo en la conciliación son virtudes y, por ejemplo, el Círculo de Empresarios señala la complejidad organizativa añadida que entraña para las empresas y las fricciones que puede producir entre empleados que disfrutan estas medidas y los que no, por lo que pide un enfoque flexible sin soluciones tajantes que hayan de ser acatadas por fuerza. Como contrapartida, las medidas de conciliación pueden aprovecharse para fomentar la motivación de la plantilla e introducir cambios que mejoren la productividad, una idea que ya están poniendo en práctica un porcentaje importante de empresas, sobre todo el en el sector tecnológico, que es el más avanzado y favorable a la conciliación. No en vano, los expertos en recursos humanos señalan cómo los candidatos a los mejores puestos no sólo valoran ya el contenido del trabajo y la remuneración, sino la flexibilidad que le ofrezca la empresa para disfrutar de la vida privada.
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