TENDENCIAS EN POLÍTICAS PÚBLICAS
Se incrementa en los Estados Unidos la dependencia del sector púlico
En teoría, desde hace más de veinte años asistimos a la reducción del peso del Estado en el ámbito económico y social de los países más desarrollados. Sin embargo, el sector público todavía tiene fuerza en determinados aspectos. Aunque a comienzos de los ochenta hubo una cierta disminución del sistema de bienestar, en la actualidad la tendencia es al alza.
El ascenso se ha constatado precisamente en los Estados Unidos, donde se supone que la iniciativa privada tiene mayor ímpetu que en Europa. De acuerdo con el Índice de Dependencia 2005, realizado por la Heritage Foundation, los norteamericanos dependen más que nunca del Gobierno Federal en materias como la educación, la sanidad y la vivienda. “Desde el año 2000, el gasto federal en educación superior ha crecido un 150 por ciento, mientras en sanidad el incremento ha sido del 48 por ciento y en vivienda del 27 por ciento”.
El estudio señala que este aumento del peso federal se ha producido en detrimento de los servicios prestados por otros agentes públicos, como los gobiernos estatales o los ayuntamientos, o por entidades privadas como las iglesias, las comunidades y las familias. De acuerdo con el pensamiento conservador, la tendencia alcista puede dar lugar a que los contribuyentes crean que deben exigir cada vez más servicios públicos al Estados. “Y lo malo es que también ha crecido el número de ciudadanos que después de las deducciones tributarias no entregan ni un dólar al Gobierno Federal”.
A juicio de la Heritage Foundation, la mayor presencia del sector público es peligrosa por distintas razones: resta dinamismo a la economía porque impide el desarrollo de servicios prestados por la iniciativa privada. “Por otra parte, se convierte en una arma electoral. Muchos políticos pueden sentirse tentados a aumentar las prestaciones del Estado para ganar las elecciones, aunque en el largo plazo estén haciendo un flaco favor al Bien Común”.
En opinión del autor del informe, William Beach, los hallazgos son contradictorios, en principio, con el espíritu de la mayoría de los ciudadanos. “Los norteamericanos han expresado siempre su preocupación por convertirse en excesivamente dependientes del Gobierno. Entienden que tal dependencia puede erosionar sus libertades y los cimientos de la democracia. Por ello, en los años noventa hubo una fuerte corriente en favor de la reforma del sistema de bienestar, con el fin de reducir el peso del sector público”. Sin embargo, parece ser que la dinámica ha retrocedido en el último período. Una razón que explica el cambio puede estar en que aunque la economía muestra signos de fortaleza general, ha crecido el número de personas cuya renta les impide acceder directamente a los servicios citados. Debido a la precariedad laboral y al envejecimiento de la población, hay más ciudadanos que deben pedir viviendas de protección oficial, acudir a los sistemas públicos de salud, Medicare y Medicaid, o solicitar ayudas para emprender estudios universitarios.
El Presidente de la Heritage Foundation, Edwin Feulner, tiene la impresión de los políticos conservadores no han sabido mantener el pulso de la iniciativa privada en los servicios esenciales. “Los conservadores han pensado que bastaba con promover la limitación del Estado y el fortalecimiento de las libertades individuales. Pero como muestra con fría objetividad el Índice de Dependencia, el panorama es preocupante. Desde 1980, nuestra dependencia del Gobierno se ha duplicado”.
De todos los aspectos, el más llamativo por lo injusto que resulta es el de los subsidios agrarios, que han crecido en los últimos años. Al igual que ocurre en Europa, las ayudas al mundo rural tienen la intención de frenar el progresivo empobrecimiento de los trabajadores del sector agrario, que no pueden competir con los productores de terceros países. “Por el contrario, los agricultores no son precisamente pobres. Los ingresos medios por familia son de casi 65.000 dólares, un 17 por ciento más que la media nacional. Y lo peor es que dos tercios de los subsidios se reparten entre un diez por ciento de los agricultores, cuyos ingresos medios superan los 130.000 dólares”. De acuerdo con el autor del informe en este apartado y en los otros hay que impulsar de forma urgente políticas que reduzcan a largo plazo el poder del Estado.

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