LA TENDENCIA
Margot Wallström, Vicepresidenta de la Comisión Europea
"La integración europea se ha convertido en un partido de fútbol nacional"
A Margot Wallström (Karlstad, Suecia, 1954) le ha sido encomendada una tarea delicada: es desde septiembre de 2004 vicepresidenta de la Comisión Europea, encargada de las relaciones interinstitucionales y la estrategia comunicativa o, lo que es lo mismo, ha de conseguir que los ciudadanos “se comuniquen con la Unión”. No parece casualidad que la primera persona encargada de esta área sea de nacionalidad sueca: el país nórdico es el paradigma de transparencia política. Wallströn ha sido con anterioridad ministra social demócrata de asuntos civiles, de cultura y de asuntos sociales. Cuando José Manuel Barroso, presidente de la Comisión, le pidió que fuera su mano derecha en esta legislatura, ella ya sabía lo que suponía ser Comisaria europea: ocupó la cartera de Medio Ambiente en la Comisión de Romano Prodi (1999-2004).
Desde que ocupó su cargo, usted siempre ha abogado por la transparencia, pero muchos de sus detractores opinan que ésta conlleva una pérdida de eficiencia inevitable.
Considero que eso es falso. Creo en las virtudes de la comunicación y la transparencia porque conforme los ciudadanos entienden más de nuestro trabajo, más se sienten involucrados en los temas de la UE y más eficiente es la Unión. Si nuestra función es trabajar para los ciudadanos, no podemos tomar decisiones que les afectan e ignorarles.
La UE comparte la responsabilidad de la estrategia comunicativa con los estados miembros, pero estos culpan cuando les interesa, que es muy a menudo, a Bruselas. ¿Cómo elaborar una estrategia efectiva?
Es innegable que a medida que la UE se ha ampliado y se ha integrado, se ha ido alejando de la conciencia pública nacional. Una agenda muy diversificada, con jerga muy técnica y acrónimos, comités intransparentes, legislación voluminosa, etc han dado al público europeo la impresión de que el sistema europeo es irrelevante para ellos y está, además, fuera de su control o radio de influencia. Pero lo más dañino de todo ha sido que la integración europea se ha convertido en un partido de fútbol nacional. Los encuentros del Consejo Europeo y del Consejo de Ministros se caracterizan por “defender los intereses nacionales” o “ganar batallas” en temas como la agricultura, el presupuesto… Así que hay que parar el “juego de echar la culpa”.
¿Es realista la pretensión de tener una agenda común europea?
El gran reto es hacer las noticias relevantes, tangibles y comprensibles tanto para, por ejemplo, los ciudadanos de Navarra como para los de Letonia. Sin embargo, pretender que una noticia sirva para todos los europeos no funciona. Por eso la Comisión insiste tanto en la idea de “go local” (hazlo local).
Sin embargo, la propia Comisión ha reconocido que la estrategia comunicativa de la Constitución falló.
La decisión francesa y holandesa de votar ‘no’ no fue una crisis de las instituciones políticas, sino una crisis de liderazgo político. Fue una llamada de alerta: los franceses y los holandeses, y muchos otros, no creen que la Unión les esté proporcionando lo que necesitan. Por eso nuestra prioridad actual debe ser la de establecer políticas en la dirección correcta. Al fin y al cabo, es una asociación: las instituciones europeas tienen la responsabilidad de ser accesibles, abiertas, transparentes y reactivas. Pero no cambiaremos nada si los europeos no se involucran más. ¡Ellos han de ayudarnos a ayudarles! Para conseguirlo, se necesita un debate real sobre la democracia europea, y eso es precisamente lo que pretende el Libro Blanco.
¿Qué futuro le ve a la Constitución? ¿Cree que el texto, grosso modo, debería mantenerse tal y como está?
No se puede obviar que 25 jefes de estado firmaron el Tratado de la Constitución y que 14 estados miembros ya lo han ratificado. Tampoco se puede olvidar que la UE-25 está funcionando sobre las estructuras antiguas. Al final, no puede haber soluciones preconcebidas: la solución sólo puede ser democrática.
Antes ha mencionado el Libro Blanco. Éste ha sido criticado por varios de sus propios compañeros de la Comisión por ser demasiado autocrítico, por no considerarlo realista y por ser vago sobre los aspectos institucionales.
El Libro Blanco trata de contribuir a la construcción de una nueva visión de comunicación política en Europa. Es una respuesta a una observación simple y preocupante: hay un brecha creciente entre los ciudadanos europeos y la Unión.
Dado que ni el Libro Blanco ni el Plan-D son vinculantes ¿qué grado de eficiencia se puede esperar de ellos?
Ambos documentos sirven como base de pensamiento para diferentes grupos de interés, incluidos los estados miembros. Obviamente, los textos no son legislación propiamente dicha, pero reflejan de forma clara los problemas de la Unión: la comunicación y la brecha democrática.
Entrevista con Margot Wallström (PDF)