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TENDENCIAS DE FUTURO 19

 

LA TENDENCIA

 

El laberinto informativo de la Unión Europea

 

Llegar a entender el complejo funcionamiento de la Unión Europea  (UE) resulta complicado para el ciudadano de a pie. El a menudo ininteligible entramado de instituciones y procesos decisorios      provoca que muchos sientan cierta aversión hacia cualquier asunto procedente de la Unión. No es extraño que, como consecuencia del desconocimiento de la misma, los europeos no le tengan apego   alguno y no se identifiquen con ella. Después de varios años de incomunicación, la Comisión europea ha decidido actuar: por       primera vez una Comisaria es responsable de la estrategia comunicativa de la UE. Las encuestas, sin embargo, arrojan los   mismos resultados que de costumbre: a la UE se la sigue queriendo poco y se la entiende aún menos.

 

La Unión Europea se fundó por dos importantes razones: para obtener estabilidad política después de la Segunda Guerra Mundial y para acelerar la recuperación económica del continente. Las preocupaciones de los fundadores no se centraron por tanto en cómo los ciudadanos europeos apoyarían las decisiones políticas de la Unión o cómo las élites informarían sobre sus éxitos. El concepto de transparencia no existía: el trabajo se realizaba con confidencialidad e incluso secretismo.

Así ocurrió hasta principios de los años 90, cuando los ciudadanos comenzaron a interesarse por la UE y también a cuestionar sus actividades. El resultado negativo del referéndum de Dinamarca sobre el Tratado de Maastricht (1992) supuso un punto de inflexión para los políticos europeos, que desde entonces intentan, con mayor o menor éxito, transmitir un mensaje claro, y también para los ciudadanos, que demandan cada vez más transparencia. Los referenda al Tratado que establece una Constitución para Europa en Francia y Holanda demostraron la disconformidad de los ciudadanos con el texto y, en mayor grado, revelaron una vez más el descontento generalizado con la UE. La prueba de la pasividad que la Unión despierta es la altísima abstención de las elecciones al Parlamento Europeo: en junio de 2004 sólo el 45,5 por ciento de los europeos acudió a las urnas.

 

NUEVA COMISARIA

Así las cosas, en noviembre de 2004 la sueca Margot Wallström fue nombrada Comisaria  responsable de la estrategia de comunicación de la Unión, un cargo hasta entonces inexistente y un área de acción que nunca se ha mencionado en los Tratados de la Unión. Wallström ha entonado el mea culpa en lo que a sus colegas y ella misma se refiere y ha intentado mentalizar a sus compañeros de que hay que escuchar a los ciudadanos y transmitir con claridad el mensaje europeo, cosa que hasta ahora no se ha hecho. Los 65 millones de euros anuales con los que la Comisión cuenta para este propósito resultan un tanto limitados cuando se comparan con los 100 billones de euros anuales del presupuesto europeo.

Su web (http://europa.eu.int/comm/commission_barroso/wallstrom/), una de las más visitadas de las instituciones de la UE (900.000 visitas el año pasado), contiene más de medio centenar de discursos documentados, así como numerosas entrevistas. Lo más novedoso, sin embargo, es el blog donde Wallström opina de forma regular sobre temas tan variados como la movilidad de los trabajadores, los derechos de las mujeres o su deseo de aprender a bailar samba. Sus detractores restan valor a su sitio web y al número de visitantes al afirmar, sin faltarles parte de razón, que quienes conocen la web y opinan sobre temas europeos son expertos en la materia y que con esta estrategia no se consiguen nuevos “adeptos”. En cualquier caso, a la Vicepresidenta se le debe reconocer el mérito de haber conseguido que su web obtenga el doble de visitas que la de José Manuel Barroso, presidente de la Comisión y nueve veces más que la de su colega francés, el Vicepresidente Jacques Barrot.

Pero la Comisión ha hecho algo más que abrir páginas web. Ha publicado tres textos no vinculantes sobre cómo podría mejorar la comunicación: un Plan de Acción para promover la comunicación en la UE (julio 2005), un Plan D para la democracia, el diálogo y el debate (octubre 2005) y un Libro Blanco sobre la política de comunicación europea (febrero 2006). Estos informes son la respuesta al periodo de reflexión establecido por el Consejo Europeo tras los resultados negativos en los referenda de Francia y Holanda. Entonces, la UE propuso establecer debates en cada estado miembro para involucrar a ciudadanos, sociedad civil, parlamentos nacionales y partidos políticos antes de decidir qué hacer con la Constitución europea. Hasta la fecha, sin embargo, el periodo de reflexión ha resultado infructuoso en cuanto que aún no está decidido qué hacer con la malograda Constitución.

 

ACCIONES

El principal objetivo del Plan de Acción consistía en que todos los departamentos de la Comisión y, por extensión, todas las instituciones europeas, mejoraran la comunicación para hacerla más efectiva. Destacaba el propósito de establecer un diálogo con los ciudadanos e incluir el objetivo de comunicación en todas las formulaciones de políticas. Estos objetivos son un tanto utópicos si se tiene en cuenta que los datos semestrales de Eurostat van siempre en la misma dirección: el conocimiento de cuestiones europeas es mínimo y los temas de la EU no despiertan interés. El Plan D para la democracia, el diálogo y el debate se presentó como complementario del anterior y su propósito era similar: estimular el debate entre instituciones europeas y ciudadanos en un proceso de dos direcciones, informar a la gente y, al mismo tiempo, escucharla.

La tercera y muy esperada propuesta de la Comisión, el Libro Blanco, es distinta. En primer lugar, porque por definición, este documento presenta propuestas mucho más concretas que los textos anteriores. Además, el libro blanco establece un período de consulta de 6 meses, hasta septiembre de 2006, en el que instituciones, gobiernos, industria, ONGs, think tanks y ciudadanos pueden comentar las ideas presentadas en el documento a través de la web http://europa.eu.int/comm/communication_white_paper. El Libro Blanco, en línea con los textos anteriormente presentados, desdeña la idea que durante muchos años ha estado presente en la Unión, la de que la comunicación era un asunto que incumbía sólo a Bruselas. En cambio, ahora se quiere que los ciudadanos sean el centro, y no las instituciones. Los objetivos planteados resultan, sin embargo, más concretos que los de las propuestas anteriores.

 

CRÍTICAS

La iniciativa en su conjunto ha sido acogida con recelo por muchos, incluidos varios Comisarios, que consideran el texto demasiado autocrítico con la UE. También se ha cuestionado la viabilidad de ciertas propuestas, por considerarlas vagas, sobre todo por la carencia de información sobre la financiación de esta política comunitaria y la falta de ejemplos concretos sobre cómo llevar a la práctica las ideas planteadas. Wallström se ha defendido acusando a sus colegas de tener una visión muy conservadora sobre la comunicación. Ha ido aún más lejos al afirmar que para que una política de comunicación coherente cale en las instituciones europeas, serán necesarios diez años.

Periodistas y organizaciones de prensa, grupos muy implicados en el proceso de comunicar Europa, también han manifestado su preocupación sobre la propuesta de ampliar el servicio de “Europe by Satellite” (que en la actualidad proporciona imágenes sobre diversos encuentros en la UE que pueden ser utilizados por los medios de forma gratuita), lo que según ellos podría llevar a una pérdida de su independencia e incluso convertirse en un competidor de los medios de comunicación tradicionales. El mero hecho de que se plantee la noción de comunicación podría, según varias ONGs, llevar a confusión, por el riesgo de confundirse comunicación con propaganda, tema muy debatido entre los expertos, quienes consideran que por mucho que la UE informe de sus actividades, siempre habrá ciudadanos que tomen con reservas esa información precisamente por proceder de la Unión.

Críticas aparte, la respuesta a la pregunta de si la renovada política de comunicación de la UE está resultando efectiva no reside en los líderes políticos, sino en los ciudadanos europeos. Estas no tienen más que preguntarse si han notado algún cambio en este último año y medio: ¿saben más, han recibido informaciones más claras y han podido tomar parte en las decisiones de la Unión? Su valoración, y no la de los políticos, es la que cuenta.

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

El laberinto informativo de la UE (PDF)

laberinto informativo de la ue

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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