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TENDENCIAS DE FUTURO 19

 

TENDENCIAS EN LA EMPRESA

 

¿Resulta rentable ser ético?

 

El mundo empresarial se asocia a menudo con feroces directivos, motivados sólo por el beneficio económico. Es más, se piensa que alguien con escrúpulos no puede hacer carrera en la empresa, ya      que el puesto obliga a tomar decisiones no del todo éticas. Pues bien,  el libro “Inteligencia Moral. Cómo aumentar el nivel de desempeño en los negocios y el éxito en el liderazgo”, de Doug Lennick y Fred Kiel, echa por tierra esa teoría. Según los autores, no hay que vender el   alma al diablo para tener éxito en los negocios.

 

Mucho se ha hablado sobre la ética en los negocios, sobre todo tras los numerosos escándalos financieros destapados en los últimos años. El prejuicio imperante es que, al menos en el corto plazo, sólo el más corrupto consigue salir adelante. ¿O quizá no? Lennick y Kiel abogan en su libro por la inteligencia moral, entendida como “la capacidad mental de determinar cómo los principios humanos universales deberían aplicarse a nuestros valores personales, nuestros objetivos y nuestras acciones”. Los autores afirman que cuando los empresarios actúan de acuerdo a sus principios y valores, la empresa mejora, ya sea en forma de aumento de la productividad empresarial, o de incremento de las ventas, o de mejora de la reputación de la compañía, o de satisfacción del cliente, “y eso no ocurre por accidente”.

Hasta hace poco los únicos tipos de inteligencias considerados válidos para competir en el mundo empresarial eran la inteligencia cognitiva, medida por el coeficiente intelectual, y la inteligencia técnica. Estas aptitudes resultan, sin embargo, mucho más fáciles de imitar por los competidores que la inteligencia emocional y la inteligencia moral.

 

INTELIGENCIA EMOCIONAL

La inteligencia emocional, implantada en el mundo empresarial por Daniel Goleman, concierne a la habilidad de monitorizar los sentimientos de uno mismo y de los otros, la capacidad de discriminarlos y de poder emplear la información útil para guiar nuestros pensamientos y acciones. Esta clase de inteligencia contribuye mucho más al éxito vital que la intelectual o la técnica, pero por sí sola no puede guiar buenas conductas porque, según los autores del libro, “la inteligencia emocional está libre de valores y puede aplicarse para hacer el bien o el mal, al contrario que la inteligencia moral, cuyo único objetivo posible es el bien”.

Los principios propuestos por Inteligencia Moral para el éxito personal y empresarial son la integridad, porque al actuar de forma íntegra armonizamos nuestro comportamiento para conformarlo con los principios humanos universales; la responsabilidad, ya que al asumir las consecuencias de nuestros actos creamos un clima en el que nuestros compañeros nos ayudarán cuando lo necesitemos; y la compasión y el perdón, relacionados con nosotros mismos y con los otros. De ahí la importancia para el empresario de ser consciente de sus valores y sus objetivos; hacer lo correcto sin pensar en lo impopular que la decisión pueda resultar; actuar éticamente sin que nadie pueda reprochar esas actuaciones; inspirar confianza; y admitir los propios errores.

Sobre cómo adquirir este tipo de inteligencia, los autores admiten que lleva su tiempo y que casi ningún empresario es un ‘genio de la moral’. “Todos comenten errores de vez en cuando pero, precisamente por su inteligencia moral, aprenden rápido. Asumen su parte de culpa cuando algo sale mal, aprenden de sus faltas y siguen adelante”. Debido a la dificultad de cuantificar los beneficios de una conducta empresarial moral, muchos directivos son reticentes a comportarse de ese modo, pero Lennick y Kiel advierten que “si los beneficios no están muy claros, los costes de la inmoralidad son incuestionables”. Los numerosos casos de corrupción empresarial mencionados en el libro así lo indican.

Sabiendo que el 70 por ciento de los consumidores estadounidenses han penalizado en algún momento dado a compañías con bajos estándares éticos, y siendo además conscientes de que los fondos de inversión éticos gozan cada vez de más adeptos, la conclusión es clara: en el largo plazo sólo sobreviven las empresas y los empresarios éticos.

 

 

 

¿Resulta rentable ser ético? (PDF)

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