Institución Futuro
English
Email
Dónde estamos
Qué es Institución FuturoÁreas de investigaciónActividadesPublicacionesComunicaciónCentro de documentaciónBlog
Inicio > Publicaciones
Usuario: Contraseña:
Acceso para socios y suscriptores

TENDENCIAS DE FUTURO 19

 

TENDENCIAS EN LA ECONOMÍA

 

Riesgo político y agotamiento de las reservas de petróleo

 

Ha bastado un artículo del periodista Seymour Hersh en el semanario The New Yorker sobre los supuesto planes militares de EEUU contra Irán para que el precio del petróleo haya sobrepasado, por primera    vez en siete meses y medio, la barrera psicológica de los 70 dólares  por barril.

 

El artículo de Hersh ha vuelto a poner de manifiesto la vulnerabilidad  del mercado petrolero ante los acontecimientos políticos. Esa vulnerabilidad convierte a la primera fuente de energía del mundo en   un producto para el que no rige, en la práctica, la ley de la oferta y la demanda.

El 40 por ciento de la producción de petróleo, el 84 por ciento de las exportaciones y entre el 80 por ciento y el 90 por ciento de las reservas mundiales están en países con un alto riesgo político. Sólo el llamado terror premium—es decir, el impacto en el precio de la incertidumbre sobre un posible atentado contra la industria—supone entre el 20 por ciento y el 33 por ciento del precio. Desde 2000, los precios del petróleo se han multiplicado por cinco. En el mismo periodo, el componente político del precio del barril se ha multiplicado por ocho.

Seis de los diez mayores productores de crudo del mundo—Arabia Saudí, Irán, Rusia, Venezuela, Nigeria, e Irak—están experimentando importantes tensiones políticas. Varios productores de menor entidad—como Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Chad, Argelia, Ecuador, Qatar y Kazajistán—están localizados en áreas geopolíticas inestables o también sufren tensiones políticas.

Esto añade volatilidad a un mercado sin capacidad adicional de producción que, además, sufre información deficiente. Aunque esos dos problemas están empezando a ser atacados, el riesgo político tiene una solución mucho más difícil. El problema además se agrava a medida que la demanda crece y las reservas y la producción se concentran en países con riesgo político alto.

Desde 2000, el precio del barril se ha multiplicado por cinco, la capacidad excedentaria del mercado ha seguido cercana a mínimos históricos y la demanda se ha incrementado dramáticamente. Al mismo tiempo, el sector sigue sin recuperarse de la caída de la inversión en exploración, producción y refino de los años ochenta y noventa. Al mismo tiempo, la especulación se ha disparado, hasta añadir entre seis dólares—el mínimo estimado por la OPEP—y veinte—según algunos operadores—al precio del barril. Todo ello ha incrementado la volatilidad del mercado, y su vulnerabilidad a interrupciones de la oferta.

En diciembre de 2002-marzo de 2003, la combinación de una huelga general en Venezuela—el quinto mayor productor del mundo—que eliminó del mercado casi el 85 por ciento de la producción de ese país, más los preparativos de EEUU para la invasión de Irak, provocaron un repunte del precio del Brent de más del 30 por ciento. Los atentados de al Qaeda, como el ataque al destructor estadounidense Cole (2000), el 11-S (en 2001), y la furgoneta- bomba en una discoteca en Bali (2002) provocaron repuntes del Brent del 5,18 por ciento, 7,17 por ciento y 6,6 por ciento, respectivamente.

El riesgo político no es nuevo. Diecinueve de las veinticuatro grandes crisis del mercado petrolero entre 1950 y 2003 fueron causadas por cuestiones políticas. Pero, desde 2000, se ha agravado, por varios motivos: crisis internas de los productores— como en Arabia Saudí y Nigeria—, tensiones internacionales— Irán e Irak—, enfrentamientos con los organismos multilaterales—Chad—e incluso el propio alto precio del crudo, que ha reactivado el nacionalismo en países como Rusia y Venezuela.

  

EFECTOS ECONÓMICOS

El mercado petrolero está en una situación en que “la demanda (…) crece a diario (…) mientras gran parte del petróleo más accesible de la Tierra yace bajo tierras controladas por teocracias feudales, cleptocracias y fanáticos. Día tras día, como debe ser, el mercado intenta incorporar esas dos realidades antitéticas al precio del crudo”.

Por un lado, el riesgo político aumenta el precio, lo que reduce la demanda, aunque no en el corto plazo, dada la inelasticidad del consumo de petróleo. En cualquier caso, esa ralentización de la demanda del crudo, en 2000, ha sido más que compensada por el aumento de las necesidades energéticas de China e India.

Al elevar el precio, el riesgo político refuerza los incentivos de los productores para bombear más crudo. Pero también aumenta los costes financieros de las tareas de exploración, reduciendo la oferta. En resumen: el riesgo político aumenta el agotamiento de las reservas de crudo hasta que el premium de riesgo en la exploración y en la extracción es tan alto que hace que extraer petróleo de ciertos países deje de ser rentable. El riesgo político eleva el coste de las inversiones para extraer petróleo entre un 25 por ciento y un 100 por ciento, dependiendo del país.

El aumento del riesgo político suele proceder de los países con mayores reservas—Oriente Medio, Venezuela, Nigeria— pero aumenta la extracción de crudo en los más estables y con menos reservas, como EEUU, Reino Unido, México y Noruega. Eso supone que la actual tasa de agotamiento natural de las reservas (natural depletion rate), excluidas inversiones, sea de sólo el 4 por ciento en Oriente Medio, pero del 11 por ciento en Europa.

Esto hace que los países ajenos a la OPEP, con sólo el 19 por ciento de las reservas mundiales de petróleo, acumulen el 60 por ciento de la producción mundial, dado que apenas tienen, en general, riesgo político, y pueden, además, actuar sin estar sujetos a cuotas. Esto también implica que, en el futuro próximo, la producción empezará a hundirse en los países más estables —EEUU, Noruega, México, Canadá y el Reino Unido—para concentrarse en la OPEP, una organización de once miembros, de los cuales cinco—Arabia Saudí, Irak, Irán, Venezuela y Nigeria—tienen un alto riesgo político.

El problema empeora porque varios de los países con más reservas—como Arabia Saudí, Rusia, Irán e Irak—necesitan grandes inversiones para expandir su capacidad de producción y evitar el agotamiento de los yacimientos. Aunque algunos de ellos—como Kuwait y Arabia Saudí—parecen en condiciones de lograr la financiación necesaria— en buena medida, debido precisamente al alto precio del crudo—otros, como Rusia, Venezuela y, sobre todo, Irán, tienen unos condicionantes políticos tales que les pueden cerrar el acceso a las inversiones necesarias.

 

POSIBLES SOLUCIONES

 

En el corto plazo (uno o dos años), hay dos posibles opciones:

Aumentar las reservas estratégicas de petróleo.

Es una opción relativamente sencilla, puesto que bastaría con expandir las actuales reservas de crudo, sin necesidad de expandirlas para que incluyan productos refinados.

Mejorar la información disponible en el mercado, una iniciativa que ya está siendo tomada por, entre otros, el FMI, la OCDE y Arabia Saudí.

 

En el medio plazo (de dos a cinco años), las opciones son más difíciles:

Aumentar la capacidad, puesto que hay una correlación inversa entre capacidad excedentaria y precios. El problema es que los países con más margen para aumentar la capacidad también son los que tienen un riesgo político más alto. Por ello, es absolutamente imprescindible introducir criterios de libre mercado en la gestión de las reservas de crudo, dado que las empresas estatales controlan el 80 por ciento de las reservas mundiales y el 60 por ciento de la producción. Es igualmente importante incrementar la capacidad de refino de los países consumidores.

Acceder a nuevas fuentes de petróleo, es decir, yacimientos en aguas profundas y muy profundas y en el Ártico.

 

En el largo plazo, el creciente peso de los factores políticos en el mercado petrolero requerirá encontrar nuevas fuentes energéticas. Sin embargo, esto no es técnicamente difícil:

Pizarras bituminosas (oil shale). Dado que el 60 por ciento de su reservas están en EEUU, su riesgo político es extremadamente bajo. Sus costes de extracción han descendido de forma dramática, hasta el punto de que un barril de petróleo de ellas cuesta entre 25 y 70 dólares, incluso tras considerar los costes de mitigación de CO2. Las reservas mundiales de pizarras bituminosas equivalen aproximadamente a las de petróleo.

Arenas asfálticas (tar sands). Sus costes son mucho más bajos—entre 20 y 40 dólares por barril, también después de considerar los costes de mitigación de CO2, aunque sólo el 32 por ciento de ellas están en países políticamente estables, sobre todo en Canadá, mientras que el resto está en Venezuela (34 por ciento de las reservas mundiales) y en Oriente Medio. Las reservas mundiales equivalen a dos tercios de las de petróleo convencional.

Limitar el consumo de petróleo. Mientras los países consumidores no sean capaces de limitar su aumento de la demanda, seguirán dependiendo más y más de fuentes políticamente inestables. Esto es particularmente aplicable a EEUU, el mayor consumidor de petróleo del mundo, y a China, el país con el mayor incremento de la demanda

 

El riesgo político se ha convertido en una considerable fuente de distorsión del mercado petrolero, y su importancia parece destinada a crecer en el futuro. Actuar sobre este fallo del mercado es difícil en el corto plazo. Pero, en el medio y largo plazos, es posible afrontar la situación y reducir la importancia del problema, siempre y cuando haya voluntar

 

 

 

 

Riesgo político y agotamiento de las reservas de petróleo (PDF)

riesgo del petroleo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Aviso legal y política de privacidad | Copyright: Institución Futuro | Desarrollo: Interesa Consultores
C/ Pérez Goyena, 30 (Edificio Foro Europeo) 31620 Huarte (Navarra) España T. 948337900 F. 948337904