TENDENCIAS EN LA ECONOMÍA
Preocupa el futuro del sistema de pensiones en Estados Unidos
La tendencia de los últimos veinte años revela un descenso notable en la propensión al ahorro destinado a las pensiones en Estados Unidos. Si la tasa de ahorro personal representaba el 10 por ciento de la renta disponible a comienzo de la década de los años ochenta, ésta se ha reducido hasta el 2 por ciento en los últimos cinco años e incluso ha pasado a ser negativa a finales de 2005, según datos de la Oficina de Análisis Económico del Departamento de Comercio.
Esta es una cuestión preocupante, ya que pone en riesgo el retiro de un colectivo muy importante de la fuerza laboral en Estados Unidos. Cabe recordar que el sistema de pensiones en Estados Unidos se basa principalmente en la aportación que hacen los trabajadores, o las empresas en su lugar a fondos de pensiones privados.
DIFERENCIAS ENTRE TRABAJADORES
Sin embargo, el problema es más acuciante para aquellos trabajadores a quienes sus empresas no les ofrecen la posibilidad de adscribirse a un plan de pensiones como el 401(k) (el más común de este tipo de planes). En 2004, el 46 por ciento de los trabajadores en Estados Unidos trabajaban en empresas que no apoyaban u ofrecían ningún tipo de plan como el 410(k) o similares, un 11 por ciento no se adscribían a ellos. Es decir, el 58 por ciento de los trabajadores en Estados Unidos no dispone de ningún plan de pensiones. Estos suelen ser los peor preparados, de menores ingresos y que trabajan en empresas pequeñas. Este colectivo es precisamente el que más necesita de un plan de pensiones que garantice su estabilidad económica tras su jubilación. Sin embargo, los incentivos fiscales asociados a este tipo de productos no son un reclamo adecuado dado sus bajos ingresos.
Por tanto, la cuestión es cómo incentivar tanto a las empresas como a los trabajadores para que se adscriban a planes de pensiones que garanticen su estabilidad económica tras su jubilación. Esta es la cuestión abordada por Mark Iwry de la Brookings Institution y David C. John de la Heritage Foundation, en el informe Pursuing universal retirement security through automatic IRAs.
Para aumentar el porcentaje de trabajadores que se adscriben a un plan de pensiones, los autores del citado informe proponen la introducción de un depósito directo a una cuenta diversificada y de bajo coste. Analizan su diseño y las características que debería tener para incentivar tanto a trabaja dores, empresas y entidades financieras para que participaran en el mismo.
LA PROPUESTA
Se propone la creación de un depósito directo de la nómina del trabajador a una cuenta diversificada y de bajo coste. La participación sería automática, es decir, la empresa informaría a los trabajadores sobre este sistema y el trabajador debería comunicar a la empresa su deseo de participar o no. Un sistema así estaría diseñado para evitar las barreras y decisiones a las que se enfrentan los trabajadores cuando plantean acogerse a estos planes: deben decidir si participar o no, dónde deberían abrir su cuenta de ahorro, con qué cantidad deberían contribuir y cómo invertir el dinero que depositan. Además, deberían efectuar los trámites administrativos y el papeleo necesario. Todo ello desincentiva a muchos trabajadores a contratar este tipo de planes de ahorro.
Para evitar estas trabas, el sistema propuesto sería automático (así como sus renovaciones periódicas) a través de un sistema de votación en el que el trabajador expresa su deseo o no de apuntarse. Otro elemento que facilitaría la participación de los trabajadores sería que la empresa destinase los fondos a una cuenta y entidad preestablecida, facilitando así los trámites al trabajador.
Pero para que un sistema así se generalice es necesario también que las empresas se involucren. Para ello, se propone que las empresas que ofrecen este tipo de planes a los empleados sin plan de pensiones puedan acogerse a deducciones fiscales en los dos primeros años para compensarles por los posibles costes de transacción en los que pudieran incurrir. Los costes para la empresa serían nulos o muy reducidos ya que no se basa en sus aportaciones directas al plan. Los fondos serían dirigidos en primera instancia a una única cuenta establecida por defecto, lo cual evitaría a la empresa tener que decidir cómo invertir los fondos aportados por los empleados o tener que elegir entre las ofertas de las diferentes entidades financieras. Estas cuentas podrían estar gestionadas por entidades financieras privadas a través de contratos con el gobierno federal.
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